Los supermillonarios, una plaga climática

Renán Vega Cantor

“La Tierra no está muriendo. La están matando y quienes la están matando tienen nombres y direcciones”.

Utah Philips, [1935-2008], cantante y activista político y sindical de Estados Unidos.

Imagen tomada de france24.com

El calentamiento global genera sequías prolongadas, inviernos más fríos, huracanes más frecuentes y destructivos, incendios incontrolables y causa la enfermedad y muerte de millones de pobres en el mundo entero. En los medios de desinformación, cuando se trata de explicar las razones que generan las brutales modificaciones climáticas, se suele decir que todos los seres humanos somos responsables de lo que está sucediendo y, para justificarlo, ciertos científicos acuñaron la noción de antropoceno.

En esta concepción se muestra un mundo en el que predominaría la igualdad social y económica y, por lo mismo, a cada uno de los habitantes de la Tierra se le asigna la misma cuota de responsabilidad en la generación de gases de efecto invernadero [GEI] y en el calentamiento del mundo.  

Esta falacia acaba de ser desmentida por una investigación de la ONG Oxfam Internacional sobre el impacto climático de los supermillonarios y cuya conclusión principal indica que 125 de estos personajes (capitalistas de carne y hueso, con nombre propio, algo así como la personificación del capital), genera en total al año 393 millones de toneladas de CO2.

El estudio analiza la variable consumo, sobre la que señala que los ricos utilizan jets y yates privados para desplazarse de un lugar a otro, con lo que gastan una gran cantidad de combustibles fósiles y generan enormes cantidades de CO2 y otros gases contaminantes a la atmósfera. Por ejemplo, Bill Gates, quien presume de combatir el cambio climático, en el 2017 realizó 59 vuelos, cubriendo una distancia de 343 mil kilómetros, lo que equivale a dar ocho veces la vuelta al mundo. En estos vuelos de “placer y de trabajo” Bill Gates generó 1.600 toneladas de GEI, lo cual es igual al gasto promedio anual de 105 ciudadanos de los Estados Unidos y al de 1.140 pobres del mundo. Por su parte, Jeff Bezos, dueño de Amazon, emitió en su vuelo al espacio de 11 minutos, 75 toneladas de CO2, una cifra similar a la que gasta en toda su vida un habitante humilde de este planeta.

En general, en 2018 las emisiones de GEI de 20 multimillonarios, como resultado de utilizar yates, aviones, helicópteros y habitar en hoteles y mansiones de lujo, fueron de 8.124 toneladas por persona, cuando un pobre emite 1.4 toneladas al año.

La variable consumo es un aspecto de la desigualdad social, pero no es la causa, es el resultado del capitalismo. Aunque la investigación de Oxfam no lo nombra, en su análisis sobre el impacto de carbono de los ricos se remite a la producción, asunto en que presenta los más reveladores resultados.

Considerando las empresas de esos superricos, cada uno de los primeros 125 emite 3.1 millones de toneladas de CO2, es decir, un millón de veces más de lo que emite el 90 por ciento más pobre de la humanidad. Para establecer esta cifra se ha medido la huella de carbono de las empresas que son propiedad de los supermillonarios, o de las que son accionistas.

En forma precisa se establece el ranking de la contaminación por parte de los dueños del planeta. En el listado se encuentran los siguientes datos en generación de toneladas de CO2:  Carlos Slim, 7 millones; Warren Buffett, 3,5 millones; Bill Gates, 4,8 millones; Jim Walton, de Walmart, 2,1 millones de toneladas; y Alice Walton, de la misma cadena, 2,2 millones.

La conclusión del estudio es clara: El 1 % más rico de los habitantes de la tierra es responsable de un poco más del doble de la contaminación generada por carbono que la producida por 3.100 millones de personas, las que hacen parte de la mitad más pobre de la humanidad. Esto ha sucedido en los últimos 25 años, el mismo período en que las emisiones de GEI se incrementaron de manera exponencial, en la medida en que el capitalismo se expandió por el planeta entero. Esto indica que, a nivel climático, se proyecta la desigualdad social y la estructura de clases de la sociedad capitalista, en donde una exigua minoría que disfruta de extraordinaria riqueza es la directamente responsable de achicharrar el planeta.

En estas circunstancias, para la estabilidad climática del mundo, una condición indispensable para la supervivencia de gran parte de la humanidad, los ricos son una auténtica plaga. Están devorando literalmente el planeta y alteran de tal forma el clima que esos ricos pueden considerarse como el quinto jinete del Apocalipsis, el cual, junto con los otros cuatro, cabalga en unos briosos caballos con los que viene en forma garantizada el hambre, la muerte, la violencia, las epidemias y la destrucción. Son una élite contaminante, que necesita del carbono para mantener su infernal estilo de vida y muerte y con ello arrastran al resto de la humanidad a la hecatombe climática. Deberían extraerse las conclusiones políticas de estos hallazgos para romper con la mirada cándida y liberal que dice a los cuatro vientos que todos somos responsables del vuelco climático, porque está claro que el responsable es el capitalismo, personificado en sus grandes supermillonarios.

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