El turismo pone en peligro a los páramos, a los frailejones y a los campesinos de Belmira, Antioquia.

Por Víctor Andrés Muñoz Marín

Foto Frailejón: Danzante del viento (@binybe_oboyejuayeng)

Páramo, según la RAE, significa terreno yermo, desolado, desabrigado, desarropado que queda en la cima de la montaña y lo único que tiene es agua. Para los españoles fue lugar de paso entre un valle y otro, trayecto en el cual debieron subir y bajar la cordillera, pero las condiciones climáticas les hizo temer, muchos se enfermaron y murieron, por lo que estos terrenos fueron inservibles para sus fines extractivistas. Sin embargo, “hacia el norte de Antioquia, los páramos para las comunidades indígenas fueron como lugares sagrados, de contemplación y adoración”, narra Jáder Zapata, campesino y protector de los páramos de Belmira.

El páramo no era un lugar habitual de vivienda para los indígenas, solo realizaban rituales por los lados del norte de Antioquia y gran parte de Colombia. Dentro de la gran familia Chibcha estaban los Nutabes, que habitaron el centro de Antioquia y municipios como Santa Rosa, Belmira y Entrerríos, Ituango, Yarumal y Angustura. También estaban los Tahamíes, que habitaron el oriente de Antioquia.

Complejo de páramos en Belmira

Belmira es un municipio ubicado en la cordillera central de los Andes, al norte del departamento de Antioquia, y contiene un complejo de 7 páramos, entre los que se destaca el páramo de la Laguna o Sabanas, que está a 4,8 kilómetros del parque principal de Belmira; aquí hay un camino antiguo que comunica con Santa Rosa de Osos. Está el páramo del Morro o Sabanazo, ahora conocido como la cabaña, que cuenta con cerca de 3 kilómetros de largo; antes tenía una laguna que se fue secando por malas prácticas de minería, ahora está colonizado por la vegetación; también está el páramo de San Francisco, en el linde con San José de la Montaña y el Páramo del Cristo, y en límites con Olaya, Liborina y la cordillera occidental están los páramos de Malvasá, Mora y Congo.

La parte con más altura de Belmira es la parte norte del páramo de la Laguna y del Morro, denominada como el Alto del Púlpito y el Alto del Cristo, con 3.410 metros sobre el nivel del mar (msnm), en la cordillera central de los Andes, es una de las más altas en Colombia. Cuando la cordillera sale del norte de Antioquia, entre Cauca y Porce, se forja la Serranía del Indio en Cáceres y Zaragoza, Bajo Cauca, bajando a los 300 msnm y subiendo de nuevo a los 600 msnm. Con el límite del Magdalena, en el bajo de Maceo, del nordeste antioqueño, se forja la Serranía de San Lucas, la cordillera baja de los 600 msnm a los 100 msnm, entre la vertiente oriental y occidental de la cordillera de los Andes, que se pierde en el Nudo de Paramillo. En esta accidentada geografía habitan diversas especies animales y vegetales de gran importancia.

Algunas especies animales que habitan los páramos de Belmira

En Belmira se ha visto el oso andino, única especie en Suramérica, cusumbos, armadillos, guagua de páramo, erizos, venado colorado y venado de conejo o ciervo de conejo, los más pequeños del mundo, que miden entre 30 y 38 cmts. “También hay tigrillos, celotes, pumas y, eventualmente, el paso del jaguar; como campesinos no comprendemos como puede dar una trazabilidad desde las selvas del Chocó a los Santanderes en 15 días”, cuenta Jáder.

¿De dónde viene el agua?

Foto laguna paramo: Gustavo Mazo

Las empresas que venden agua no producen agua, producen botellas. La parte más común de la que conocemos que venga agua es de arriba, conocida como lluvia vertical; puede usted poner una coca o balde, si sabe el diámetro, por tiempo, puede cuantificar la cantidad de agua que cae en un kilómetro cuadrado. Pero en los páramos se da otro fenómeno, denominado lluvia horizontal, que en realidad es neblina. Al estar a alturas como la de las cordilleras de los Andes, el viento arrastra partículas de agua diminutas complejas de cuantificar.

La función de las diversas especies vegetales que habitan en el páramo es absorber las partículas de gua, es decir la lluvia horizontal, neblina, filtrándolas a la tierra para abastecer cuencas hídricas. Una de estas especies son los frailejones, hoy de gran popularidad por la canción del Frailejón de Ernesto Pérez, insignia del canal de televisión pública Señal Colombia. Pero también, recientemente, por el escándalo realizado por el representante a la cámara Óscar Villamizar del partido Centro Democrático, donde, durante el debate del Acuerdo de Escazú, que busca garantizar la protección de los ecosistemas y los y las lideresas ambientales, denunció actos de brujería por la presencia de un frailejón tejido por una profesora de la ciudad de Bogotá durante las sesiones del debate.

Frailejón

El frailejón es apenas una de las especies vegetales que habitan los páramos; son de gran importancia para capturar partículas de agua que arrastra el viento para llevarlas debajo la tierra y formar cuencas hídricas. “El nombre de los frailejones lo dieron los españoles. Usualmente los páramos viven eneblinados, pasa la neblina y deja ver poco paisaje por 2 o 3 segundos y vuelve y pasa neblina; en ese espacio de tiempo, los frailejones se ven como personas mirando desde lejos. Los frailes eran monjes que vestían una sotana de un color y la capucha de otro, esa fue la imagen que tuvieron los españoles: un fraile visto desde lejos, frailejón”, explica Jáder Zapata.

Los frailejones pertenecen a la familia asterácea del género espeletia y son las plantas más representativas de los páramos. Dichos ecosistemas emergieron por encima de los 3000 msnm, hace más de 5 millones de años tras el levantamiento final de la cordillera de los Andes y la emergencia definitiva de los bosques andinos.

Pero lo más antiguo de Suramérica es el Macizo Guyanés. Antes no existía vegetación de páramo, solo vegetación proto páramo que es similar, pero cuando los Andes se fueron elevando hubo un proceso de adaptación de estas especies que a la vez propició que fuese naciendo vegetación nativa de acuerdo a las condiciones climáticas que se presentaban.

“La vegetación de los Andes es la base de los páramos, cada uno es como una isla, incluso se les ha conocido como islas en el cielo. Los frailejones no intercambian genes, por lo que cada frailejón es endémico del páramo donde nace; no es que llegó alguien y los plantó, estos son nativos, a excepción de lo que ocurre con páramos muy cercanos entre sí como en Bogotá o Boyacá, que tienen más probabilidades de compartir genes por estar cercanos”, narra Jáder.

Y continúa: “En Chingaza hay frailejones de 10 metros de alto; en Belmira los más grandes son de 6 metros y para crecer necesitan humedad y agua. Los de Belmira crecen un centímetro al año, los que están en sombra tienen mejores condiciones y pueden crecer 1.5 centímetros al año. El de 6 metros puede tener alrededor de 400 años de antigüedad, a ellos les tocó ver a los españoles con sus fines de extracción pasar por estos lados”.

Los frailejones de Belmira están sobre estimulados, estos surten de agua a los municipios del occidente antioqueño, igual que para San Pedro y San Félix. Además de cubrir los acueductos veredales y el municipal de Belmira, vierten aguas al Río Chico y Río Grande que alimentan el embalse de Río Grande 2 el cual surte parte del acueducto de Medellín; por ende, el agua no viene de la canilla ni de las botellas, sino de los páramos, sus especies vegetales y la formación de cuencas hídricas.

Jáder enfatiza en que, “no se puede proteger un solo páramo, sino todo un complejo de páramos; se debe subir en protección alrededor de 2800 msnm para cubrir un bloque completo de la sabana de páramos. Es una protección equilibrada denominada zonificación de páramos”. Además, cuenta que “si se entra a una finca porcícola hay marramos, en una piscícola se ven peces, ganadera se ven vacas. Este es un bloque de páramos, es decir una granja campesina de protección integral del medio ambiente. Hay zona de cultivos, donde están los animales, casas, construcciones, carreteras, quebradas, están las iglesias, bosques, y está el campesino que es tan olvidado. Esta es la zonificación”.

Cabe resaltar que el estudio de los páramos en Colombia comenzó hace aproximadamente 60 años en la ciudad de Bogotá, y el estudio en Antioquia inició en el páramo del Morro en Belmira hace 35 años. Y los únicos que tenían el permiso de ingresar eran los ingenieros forestales de la Universidad Nacional. “A los campesinos nos tocó aprender del lado de ellos, pero ya se ha ido diversificando el conocimiento sobre los páramos y sus ecosistemas”.

Zonificación

Entre la zonificación, están las zonas intangibles que son las de páramo, la zona de recuperación para la protección, la zona de producción, de recuperación para la producción y la zona cultural, conocida como DMI -Distrito de Manejo Integrado –. Jáder sostiene que “no solo se puede pensar en el frailejón, sino en la integralidad ecosistémica del territorio; el campesino también hace parte, pues las instituciones a la hora de hablar de protección, no tienen en cuenta la dinámica a la que el campesinado de Belmira debe someterse”.

“A las autoridades se les ha olvidado el campesino en el manejo integrado. En las zonas de producción, entre Belmira y San José de la Montaña, primero había más gente, ahora, con las zonas de protección, no se puede producir ni siquiera desde lo artesanal; a las personas las han sacado sin solucionarles la vida. La institucionalidad no brinda oportunidades. Tener una propiedad cerca al páramo es embalarse. Hay una familia que tiene la finca en zona de protección hace 60 años, los sacó el hambre y les tocó venir al pueblo a pagar arriendo; no han podido vender, no les exoneran el impuesto predial y tampoco les compran. Y los turistas solo llegan con el propósito del disfrute y el descanso, pero no les interesa la realidad de la ruralidad y lo que implica tener agua”

Turismo en Belmira

Belmira se encuentra a dos horas de la ciudad de Medellín. Por su diversidad ecológica, sus rutas de trekking y senderismo, sus bosques, trochas y agua, se hace atractivo para las personas que viven en la dinámica moderna y acelerada de la ciudad, para olvidar la realidad a la que son sometidos. Esto hace que el turismo en Belmira sea mochilero, los turistas se encuentran por la mañana en el parque y en la tarde salen para Medellín. “De 100 turistas, 5 se quedan amaneciendo, todo lo traen de Medellín, esto no deja que la economía propia tenga movimiento, solo dejan la basura porque esa no se la llevan para Medellín cuando el frío los aburre”, cuenta Jáder.

Continúa. “Usted cómo entiende que antes se veían 250 personas acumuladas en menos de una hectárea, en el páramo de sabana; ese turismo desbordado e inconsciente es la principal amenaza ambiental del páramo de Belmira. Saber de dónde viene el agua, provoca daño ambiental allí donde sale el agua. Las regalías de las agencias de turismo no llegan, por eso se me ocurrió la idea del eco hostal, ya que no hay hoteles ni fami hoteles”.

Las agencias de turismo pueden generar una ganancia alrededor de 2 a 3 millones de pesos semanales. “Para que los campesinos podamos subir a la gente debe planearse con anticipación para gestionar cupos, si no hay, toca pedirlos prestados a los demás campesinos. Todo el mundo llega al mismo lugar, en vez de ir a páramos diferentes; 250 personas en menos de una hectárea dañan los suelos y bosques”.

“Los alcaldes de 12 años atrás no han hecho mucho por el pueblo, a nadie le ha interesado, solo el dinero que se puede conseguir. Hay que propender por el turismo sostenible y amigable con el medio ambiente. La cercanía con Medellín es la principal amenaza, también la inmadurez social, moral y cultural; la gente no entiende que no se puede acabar con los ecosistemas, pero es lo que más hacen”, finaliza Jáder.

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