Érase una vez en Ituango

Por Mario Viana García

Durante los primeros días de noviembre se realizó la décima versión del Festival de Cine Ituango ‘En busca de la verdad, Cuba país invitado’. Un evento que reunió a cerca de 1000 personas y que llegó por primera vez al Corregimiento de El Aro, en el marco de un encuentro por la vida, 25 años después de la masacre.

Foto: Festival de Cine de Ituango 2022.

Hasta que llegó la hora

Cartagena se ha convertido en el punto de partida para la organización del Festival de Cine de Ituango. Desde 2018, cada año, nos encontramos en la ciudad amurallada con directores y directoras de cine, organizadores de festivales y otros agentes del sector.

El periplo de ese entonces comenzó en Medellín. Iniciábamos un nuevo viaje por carretera de más de 12 horas que tenía como propósito trasladar a un novel actor natural de la película La Torre para que llegara sano y salvo. La obra se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI) y su protagonista pudo conocer el mar. Como ocurre en los festivales, además de la fiesta, asistimos a múltiples actividades programadas y ese mismo año manifestamos nuestro deseo de sumarnos a la Asociación Nacional de Festivales de Cine que se reúne tradicionalmente allí, pues considerábamos importante la articulación con otras experiencias en beneficio del proceso que recién iniciábamos en Ituango, parodiando al actor Salvo Basile, el cual alentaba allí a los asistentes a proyectar el cine en las distintas regiones, que para el caso nuestro sería en los lugares más apartados de Colombia.

Son muchas las dificultades que aparecen en el camino, pero por alguna extraña razón persistimos con obstinación. En nuestro caso, no se trata solo de operar un simple evento, es nuestro evento, el mejor del año. Con el apoyo de muchas personas, empresas e instituciones hacemos realidad cada versión. Ituango abraza el cine y recientemente se ha vestido de gala, botas de invierno y sombrero para celebrar sus primeros diez años. Las personas llegaron de todos lados, de Bogotá y de Medellín, de municipios vecinos, de veredas cercanas y desde el Cedral, la tierra de mi madre y de mi abuela. La lluvia y la niebla no fueron impedimento en la jornada inaugural. Era el momento de agradecer y celebrar –una vez más– la vida.

El Festival en cifras

Fueron 5 días proyectando lo mejor del cine regional, nacional y de Cuba como país invitado. Más de 30 obras entre cortometrajes y largometrajes se exhibieron en distintos lugares del casco urbano y de la ruralidad de Ituango. El municipio recibió la visita de personalidades del cine, gestores culturales, líderes y lideresas que intercambiaron experiencias con los habitantes del territorio en las diferentes actividades. El Teatro Municipal, el Centro Cultural, la Institución Educativa Pedro Nel Ospina, el barrio Chapinero y La iglesia de El Aro se convirtieron en escenarios de proyección audiovisual y cinematográfica. Películas con roce internacional como El Árbol de Matías, Los Reyes del Mundo, Amparo, Entre la Niebla, Cantos que Inundan el Río y La Ciudad de las Fieras fueron aplaudidas, generando conversaciones y reflexiones al final de cada función.

El Laboratorio de Creación Audiovisual reunió a integrantes del Colectivo de Comunicaciones Ituango. Durante toda la semana participaron de manera activa y crearon historias que se proyectaron en la jornada de clausura. Los foros y los encuentros reunieron pensamientos en torno a la temática central y al cine hecho en las regiones. Cuba, país invitado, presentó un panorama de películas representativas como Now!, ¡Vampiros en la Habana!, Soy Cuba, y Fresa y Chocolate. Los niños y niñas de Ituango vieron cortos seleccionados de Narrativas de Región, el largometraje Tundama y disfrutaron de las crispetas. Por primera vez, el festival de cine llevó una programación especial al Corregimiento de El Aro, que en medio de un encuentro por la vida se deleitó con una muestra audiovisual de la Maleta de la Diversidad Cultural, el legado de la Comisión de la Verdad y el largometraje A Lomo y Herradura.

Además del cine, su alcance y la proyección social, el festival deja como balance positivo el impacto en otros escenarios: hoteles, restaurantes y la empresa transportadora local, fueron aliados fundamentales en esta edición que también busca dinamizar la economía local. Son 10 años transformando el territorio con una apuesta que fomenta la creación y la cultura de paz en una comunidad que durante muchos años ha resistido el fenómeno de la violencia.

25 años después

Una delegación del festival de cine viajó al Corregimiento de El Aro. Para llegar hasta ese lugar, antes tenía que realizarse un viaje de dos días por trocha. Ahora, un bus hace un primer recorrido de dos horas y a la altura de la quebrada El Arito hay que bajarse para subir la montaña a lomo de mula. Tres horas por una pendiente pantanosa, en medio del calor y el bello paisaje del cañón del Río Cauca interrumpido por una absurda e inconclusa carretera que sigue siendo una promesa para los habitantes del corregimiento.

Llegamos en medio de una audiencia pública en la que participaban representantes de diversas entidades e instituciones del Estado, congresistas, líderes y lideresas de la comunidad. Los forasteros fueron cuestionados por su letargo. Son 25 años en una comunidad que no ha sido reparada y que hoy sobrevive al abandono. No en vano, este 30 de noviembre el presidente Gustavo Petro encabezó el Acto de Reconocimiento de Responsabilidad y Solicitud de Perdón a nombre del Estado por las masacres ocurridas en los corregimientos de El Aro y la Granja, evento que tuvo lugar en el Museo Casa de la Memoria de Medellín y el cual cobra relevancia, pues las víctimas han tenido que esperar por más de 16 años el cumplimiento de la orden impartida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos el 1 de julio de 2006.

Dicta la sentencia en uno de sus puntos que “el Estado debe honrar la memoria de las víctimas y sus familiares y de las comunidades; que el presidente de la República de Colombia pida perdón a las víctimas, sus familiares y a las poblaciones afectadas y aclare que las víctimas de las masacres ocurridas en La Granja y El Aro fueron personas dedicadas a labores agrarias y ganaderas, honradas y trabajadoras, acusadas falsamente de ser colaboradas de las guerrillas, quienes fueron masacrados por grupos paramilitares que contaron con el apoyo de agentes del Estado”. Esta medida deberá llevarse a cabo con especial atención para aquellas personas que fueron desplazadas y despojadas de sus bienes.

La fascinación por la luz emitida desde un proyector y las sombras generadas por las manos de niños y niñas frente a la pantalla blanca fueron el preámbulo de una bella función del largometraje A Lomo y Herradura, filmado allí hace algunos años y proyectado por primera vez al interior de una iglesia. El documental tiene como protagonistas principales a sus habitantes, campesinos honrados y trabajadores quienes encuentran en el legado ancestral de la arriería una forma de resistencia.

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