Paso a paso va floreciendo el Salón de la Paz

Cuando el corazón se junta con otros corazones, se hilvana la colectividad y se trasgrede la individualidad; empieza a florecer la resistencia y re-existencia dando como frutos la esperanza de que algún día los territorios sean diversos, éticos y dignos.

Por Jhon Mario Marín Dávila

Fotos: Martín Mira

Al traspasar los límites del Valle de Aburrá, las montañas están llenas de casas y habitadas por miles de personas diversas. En la comuna 3 de Medellín, Barrio San José de la Cima, sector la 28, viven personas que creen en un barrio distinto y hacen acciones como recuperar, por medio de huertas comunitarias, los solares que la comunidad ha vuelto basureros.

En esta recuperación de los espacios y creación de las huertas se unen fuerzas con personas de la tercera edad, niños, niñas, jóvenes, personas externas al barrio, colectivos como la Escuela Popular Víctor Jara y otras colectividades. En esta acción colectiva, mientras desyerban, cultivan, recuperan la tierra y cosechan, surgen diálogos, fortalecen vínculos y tejen grandes ideas como la que tuvo Piña, habitante del barrio, de hacer un grupo de baile con los jóvenes que participan en la huerta.

El grupo se creó, pero tuvieron problemas para ensayar porque no contaban con un lugar adecuado; en la calle era difícil, porque de repente empezaba a llover o el sol se hacía insoportable. “Yo le planteé la propuesta a Piña de hacer un salón, ya que este barrio no tiene un salón ni nada, donde la gente se pueda reunir y los pelados enseñar. Entonces empezamos a mirar dónde lo hacíamos y con qué plata. En esta gestión hubo un acercamiento con los compañeros del Partido Comunes, yo les lancé la propuesta y ellos me dijeron que sí, pero que exigían un terreno legal para ellos poder pedir ayuda. Era difícil, porque la mayoría de estos terrenos no tienen escrituras, y lo bonito fue que, a pesar de esta dificultad, ellos tomaron la decisión de sacar la plata de su mismo bolsillo para materializar esta idea”, comenta Martín Mira, integrante del Comité de Vecinos del barrio.

Hace 8 meses, en un terreno que antes era un depósito de basuras, empezaron los convites para la construcción del salón de la paz, y desde las voluntades y compromiso social se dieron las primeras paladas. Como propósito inicial pensaron hacer un salón de madera y esta idea fue cambiando, pues los de Partido Comunes, junto a la comunidad, decidieron hacer algo bueno, con materiales que perduren más en el tiempo, con cemento y ladrillo, por la importancia del espacio. Así surgió la idea de nombrarlo Salón de la Paz. La obra sigue en acción y se anhela acabarla en unos pocos convites. “No sabemos cuándo se termine, porque en realidad esto ha salido del mismo bolsillo de la gente. A veces hemos hecho binguitos; aquí entre en la comunidad, se recogió también un recurso. Con eso se compraron algunas cosas necesarias para la obra. Esto se ha hecho a punta de recursos que se han reunido, de gestión de nosotros mismos. Porque la administración, la Alcaldía, para invertir en una cosa así, requiere mucho papeleo y es papeleo que una comunidad no tiene”, dice Martín.

Según Martín, decidieron llamarlo Salón de la Paz “por lo que vimos de los firmantes de paz, ese gesto tan bonito de ellos por hacer un espacio donde se una la comunidad. Por otro lado, porque la idea es generar paz y convivencia en el barrio, pues acá hay personas que son muy individualistas, solo piensan en el beneficio propio y no en el colectivo. La idea es que estos se vayan integrando más a la comunidad para sacar el barrio adelante, que este salón sea un espacio donde la comunidad se encuentre, se reúna, converse y las personas empiecen a tener sentido de pertenencia por el barrio”.

Este salón tiene como propósito estar abierto a toda la comunidad, donde estén los grupos juveniles como el de baile, se realicen festividades y otros eventos comunitarios. Por ejemplo, dice Martín que “por aquí en el barrio, las casas no son de 80 o 70 metros cuadrados o 100 metros cuadrados. Una casita por aquí es de 35 o 40 metros cuadrados, a duras penas caben las camas y un comedor. Entonces no hay forma de que las familias se integren. Por eso, si hay unas personas que van a celebrar un bautizo, un cumpleaños, los 15, en este espacio lo podrán celebrar. La idea es que se beneficie todo el barrio en general, que no haya esa rivalidad de que este es católico y estos son cristianos y por eso no compartimos, este es el Salón de la Paz, es un salón donde todas y todos pueden llegar”.

El Salón de la Paz también está pensado para que personas externas al barrio puedan ir a desarrollar procesos de formación con la gente, hacer talleres para mujeres, adultos, adultos mayores, niños y niñas, adolescentes, jóvenes, talleres para el arte y la música popular, gastronomía, medio ambiente, cualquier tema que aporte a la construcción de paz y una a la comunidad. Martin invita a “que se peguen la subida. Bienvenidos, bienvenidas por acá quien tenga algo para aportarle a la comunidad, alguna enseñanza, algo que quiera dejar”.

A paso de caracol, con un significado importante de toda la gestión, con paciencia, autogestión, unión, voluntad, compromiso social, el salón por la paz se está terminando de hilvanar. Y terminada de materializar esta idea, los habitantes del barrio continuarán con la tarea de seguir cultivando y cosechando procesos donde la diversidad, la juntanza, el diálogo y la ética sean pilares fundamentales para aportar a vivir en un territorio de paz.

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