Esquizofrénicos Clown: arte, memoria y compromiso social

El deseo por la verdad rompe las fronteras de la creatividad, con el propósito de encontrar caminos donde se teja una vida con esclarecimientos, y uno de estos caminos es la payasa y el payaso político que desde la máscara más pequeña que tiene el teatro asumen el compromiso social para la vida digna.

Por Jhon Mario Marín Dávila

Foto: Esquizofrénicos Clown

En 2018 un grupo de jóvenes estudiantes que pertenecían al Movimiento Estudiantil de Trabajo Social de Uniminuto –METSU–, de la Corporación Universitaria Minuto de dios sede Bello, buscaban una forma de accionar desde el arte ante la cruel realidad que en ese entonces vivía el país: se presentaban asesinatos de lideresas/líderes sociales, violación de derechos humanos, mayor imposibilidad para acceder a salud, vivienda, educación y buena alimentación; violencia estatal, violencia de género, aumento de la pobreza, corrupción, entre otros motivos. La búsqueda era para que no acallaran sus voces y vidas o para que en la universidad no les prohibieran y les controlaran los espacios donde querían evidenciar la realidad.  

“Empezamos en el movimiento a movernos desde lo artístico por esa relación entre arte, cultura y educación popular, lo que se puede evidenciar desde allí y por la forma de hacer pedagogía desde el arte, desde una posición política, objetiva, crítica y muchas veces radical”, cuenta Víctor Andrés Marín Muñoz, quien participó en el proceso de clown y del METSU.

En esa búsqueda se encuentran con Yirley, una payasa perteneciente a la Escuela Popular Víctor Jara, quien las/los invita y alienta a aprender clown político, popular y accionar desde este arte. Estas/estos estudiantes aceptan y empiezan varios talleres intensivos con Yirley y la Escuela Popular Víctor Jara. Luego de los talleres y de crear sus personajes, generan su primera acción en el encuentro estudiantil de Trabajo Social –ENETS- en Cúcuta, en la Universidad Francisco de Paula Santander, haciendo varios performances criticando al sistema penitenciario y carcelario. Luego siguieron accionando en las plazoletas de la universidad, haciendo performance, pedagogía electoral, convocando a marchas y plantones, alzando sus voces y gritos donde eran prohibidos. Eran unas/unos estudiantes que salían de los baños o pasillos con sus máscaras pequeñas, la nariz, a irrumpir en la cotidianidad de la universidad.

Víctor dice que “el clown no lo veíamos simplemente como colgarse una nariz o llevar un maquillaje puesto; mirábamos el clown como esa oportunidad de ser uno mismo, de sacar el animal interno de cada una/uno desde el chiste, el sarcasmo, la indirecta que se volvía una expresión directa, donde se confronta la realidad, la violencia, lo absurdo de la guerra, del conflicto armado, los asesinatos, desaparecidos, falsos positivos. Y también lo veíamos como una forma distinta de luchar por la defensa del territorio, la memoria, lo popular, lo ambiental y la dignidad”.

En algunas de tantas acciones, al profesor del teatro le llama la atención y entra en diálogos con ellas/ellos. Algunas/algunos deciden unir fuerzas con el profesor y crean el grupo de Teatro Esquizofrénicos Clown. Lo nombran así porque todo el que piense distinto a lo establecido está enfermo o loco. Este grupo tenía y tiene como propósito develar lo cruel de la realidad social y resignificar la memoria de las/los oprimidos. En conjunto hacen el montaje de la obra Picnic en el Campo de Batalla, de Fernando Arrabal, con el reto de adaptarla al clown y al contexto colombiano.

“Picnic en el campo de batalla nace como una propuesta por la relación que tenía un grupo de estudiantes con la técnica del clown desde todo el asunto político y social. Al conversar con estos chicos surge la idea de mirar la obra como un referente y se preguntan cómo traer desde un contexto histórico la obra de Fernando Arrabal, adaptándola al contexto colombiano”, dice Francisco Bram, director del grupo Esquizofrénicos Clown.

En esta obra el señor Tepan y la señora Tepan se ponen de acuerdo para ir a visitar y hacer un picnic con su hijo Zapo, que está en medio de la guerra, y en este compartir se encuentra con el enemigo Zepo. Esquizofrénicos Clown adapta esta obra al clown y al contexto de Colombia, donde hace una apuesta desde la memoria histórica para evidenciar en acciones de la obra, el reclutamiento forzado, el odio en la guerra, la opresión a los cuerpos, el poder del control de los símbolos, el patriarcado, los desaparecidos, los falsos positivos y lo poco que valen las personas dentro y fuera de la guerra en Colombia.

Francisco Bram comenta que esta obra “independiente de los escenarios políticos, sin tomar un tipo de partido o polarizar, busca evidenciar la verdad de lo que sucedió en el país para empezar a entender que la guerra es algo absurdo, que por más que nos matemos, nunca va a dejar nada positivo y siempre los más perjudicados seremos nosotros, el pueblo”.

Esta obra lleva varios años de montaje; el elenco ha cambiado, sin embargo los ideales políticos de sus inicios continúan y se han nutrido de todas las personas que han participado para tener como resultado una obra con una posición ética, política y responsabilidad con la memoria ante la realidad colombiana. En este sentido, “la oportunidad que tenemos de encontrarnos con los demás en otros escenarios, presentando una obra que evidencia la realidad, aunque sea incómoda, nos ha llevado a buscar las formas de mostrar la verdad más digerible y eso es lo que hacemos a través del arte, volver esa realidad incómoda de una forma que las personas la puedan digerir de manera distinta, para que nunca se desconozca y se olviden las memorias”, comenta Víctor Armando Atehortúa Cataño, integrante del grupo Esquizofrénicos Clown. Esquizofrénicos Clown es un grupo que en su trasegar con todas las personas que lo han tejido, nos lleva a cuestionar sobre la responsabilidad que tenemos con las dinámicas del país y las memorias. Cuando somos conscientes de todo esto, tenemos la responsabilidad de compartirla con otras y otros, con el propósito que se cuestionen la verdad que tienen y tejan una nueva verdad desde una ética y dignidad para el buen vivir y vivir sabroso.

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