Hospital General de Medellín (HGM): de Guatemala a Guatepeor

Por Álvaro Lopera

El HGM es una Empresa Social del Estado con más de 70 años de historia, que presta servicios de salud hasta la más alta complejidad, siendo el hospital más grande del departamento de Antioquia y más del 90% de sus pacientes pertenecen al sistema Sisbén, administrado por Savia Salud. En 2021 tenía un presupuesto de ingresos de casi $ 349.000 millones, y en 2022 tiene un presupuesto de $500 mil millones, esto es, una cifra cercana al del municipio de Rionegro. Ha sido catalogado como uno de los mejores hospitales de Colombia.

En la foto: Hospital General de Medellin

El ayer inmediato

La guerra sin tregua impulsada por el exconcejal Bernardo Alejandro Guerra, condenado a muerte política, contra el anterior gerente del HGM, el médico Jesús Eugenio Bustamante, tuvo el desenlace esperado: su condena por la Procuraduría por contratación indebida y la imposibilidad de ejercer cargos públicos por once años. Pero ello no llevó al hospital a una mejor vida.

Muchos de los funcionarios afirman que Bustamante era un buen gerente, que por lo menos cumplía un papel importante: hacía reuniones periódicas con el personal y rendía cuentas en el auditorio del hospital, siempre a reventar, a las 7am, y allí informaba de su gestión administrativa, de las perspectivas financieras y la calidad del servicio hospitalario. Escuchaba a los subalternos y se le veía visitar distintas áreas de trabajo, de vez en cuando, cosa que ahora no hace el actual gerente.

Bustamante fue destituido el 23 de enero de 2020, y en su reemplazo el 14 de febrero fue designado por el alcalde, como gerente provisional, el médico gineco-obstetra, Gabriel Mauricio Vélez, el cual es funcionario del hospital y tiene especializaciones en gerencia de salud pública y en economía. Este hizo un trabajo destacado en los tres meses que estuvo en el cargo, por ello muchos trabajadores le enviaron una carta al alcalde Quintero solicitándole que lo nombrara gerente en propiedad, propuesta que no tuvo en cuenta.

Perfil del actual gerente

Quintero nombró para la gerencia del HGM al economista Mario Fernando Córdoba el 15 de mayo de 2020, rompiendo con la tradición de nombrar profesionales de la salud en este importante cargo. Córdoba tiene una especialización en gerencia de proyectos y trabajó en áreas administrativas de clínicas privadas. También fue gerente regional de Adpostal, empresa que ayudó a privatizar.

No hubo una presentación oficial, pues el alcalde jamás va al Hospital General, simplemente apareció el decreto del nombramiento. Los trabajadores en su memoria no tienen un recuerdo de cercanía con el gerente actual: “Escucha y siempre responde que lo que le están diciendo no sucede allá; y cuando algo sucede, por falta de acciones administrativas, o por mala gestión, responde que nadie nunca le dijo nada”. Quienes hablan con él se “sienten convidados de piedra”.

Lo primero que hizo fue un barrido general de cuadros de dirección administrativa, los mismos que por no ser de carrera rotan mucho de acuerdo a la visión del gerente. Reorganizó puestos de funcionarios de carrera y dio paso a la política de contratar el mantenimiento general, el lavado de sábanas y el aseo, y llenar de contrataciones sindicales el hospital. Le canceló el contrato a una empresa encargada de la alimentación, Salamanca, la cual lo hacía muy bien, de acuerdo con los trabajadores, y la reemplazó por Ser Colombia, quien ha cometido suficientes estropicios como para que la Personería de Medellín hubiera empezado una investigación disciplinaria.

Córdoba trajo problemas y no soluciones

En la página de la Personería de Medellín se lee algo preocupante: “El proceso de investigación se inició el 16 de agosto de 2022 por presuntas irregularidades con el servicio de alimentación en la entidad. Retrasos en la entrega de los alimentos e inconvenientes con las dietas de pacientes con condiciones especiales de salud… se han presentado irregularidades en los horarios de entrega de los alimentos, inconvenientes con los menús de pacientes con patologías especiales como hipertensión o diabetes y dietas trocadas…”, algo que raya en lo increíble.

A esto se suma lo que expresó la fuente consultada: “La comida en términos generales es mala, no tiene en cuenta la enfermedad del paciente, ni es balanceada de acuerdo con esta, y, además, es costosa para quien la compra, de tal forma que muchos trabajadores salimos del hospital a comer en negocios cercanos, pero el paciente tiene que aceptar lo que le ofrecen”. Y agrega esta perla: “A veces los pacientes se quedan sin sábanas limpias porque estas no han llegado, y la firma de interventoría, Funvifra, traída también por Córdoba, que debería hacer críticas objetivas a los prestadores externos de servicios, actúa extrañamente en defensa de ellos”.

Sumas y restas

Como si lo anterior no fuera suficiente, observen este hecho notorio: en el hospital hay un centro de control muy importante, el cual se hace con base en las cámaras que están dispuestas por muchos lugares de la institución para evitar no solo robos, sino accidentes en los servicios, v.g., las calderas, y para que permita estar atentos a que todo marche sincronizadamente. Este centro era atendido por personal capacitado, pero a Córdova le dio por poner en ese puesto a vigilantes de una empresa privada, sin que ellos hubieran recibido capacitación alguna, un hecho que ha generado eventos peligrosos.

A lo anterior se suma la fiesta de contrataciones sindicales sinónimas de precarización del trabajo de todos los empleados distintos a los de carrera que cumplen labores misionales, es decir, en lugar de dignificar el trabajo, lo ha envilecido. En la gerencia de Eugenio había solo 4 tipos de contrato: temporal, provisional, prestación de servicios y sindical, sin ser este último relevante. Con este gerente neoliberal llegaron muchas agremiaciones sindicales (Sindisalud, Famisalud, Prodesa, Lavaozono, Tecnilavar, etc., algunas de ellas radicadas en Barranquilla) alebrestadas, asestando golpes a los salarios de médicos, especialistas, enfermeras, camilleros y personal de aseo, para bien del capital privado y para mal del servicio, puesto que eso ha llevado a una rotación muy grande del personal.

“Antes el tiempo de preparación en la Unidad de Cuidados Intensivos era de 30 días, ahora es de 15. El del servicio de hospitalización que antes era 15 días ahora solo es de 5. Ya no se divulgan ni se corrigen los eventos adversos y centinelas”, que equivalen a errores del personal hospitalario y que incluyen no solo afectaciones, sino, incluso, la muerte.

Y el alcalde muy tranquilo en su oficina de la Alpujarra viendo pasar a Medellín por la ventana y sacándole el cuerpo a los problemas de la ciudad que día a día se acrecientan imparables y amenazantes.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s