¿Sabe usted qué se está fumando?

Por Rubén Darío Zapata

Imagen tomada de rosario.edu.co/

Si usted es consumidor o consumidora habitual de alguna sustancia psicoactiva o tiene algún familiar o amigo que lo sea, seguramente le interesará saber que lo más probable es que lo que le están vendiendo para consumir sea muy distinto a lo que usted pensaba que estaba comprando. Por lo menos eso es lo que se desprende del reciente Estudio de Riesgo Químico de Sustancias Psicoactivas Circulantes en Medellín (2022); dicho estudio fue liderado por la Secretaría de Juventud de Medellín, hoy rebautizada como Distrito especial del software. Puede que el dato no le sorprenda mucho (de hecho, el 42% de los participantes declararon no confiar nada o muy poco en las sustancias que consumían), pero acaso le sea de mayor utilidad saber qué es lo que realmente está consumiendo.

La marihuana, por ejemplo, ha sido considerada tradicionalmente una sustancia inofensiva para la salud, en comparación con el resto de las sustancias de uso recreativo, ello porque la hierba se consumía prácticamente en su estado natural. Pero no es lo que ocurre hoy. El 44.8 % de las muestras de marihuana que analizó el estudio, tiene una alta concentración de THC (uno de los compuestos del cannabis) en material vegetal. Eso indica que las semillas han sido tratadas genéticamente y no son de origen endémico. Su consumo, por tanto, puede desencadenar episodios psicóticos, que hasta ahora eran bastante raros en los consumidores de cannabis.

Además, existen muestras de cannabis adulteradas con cafeína, aunque poco representativas estadísticamente; ello, sin embargo, representa, según los realizadores del estudio, un riesgo mayor en su consumo. Como si fuera poco, los analistas encontraron cannabis circulando en forma de resina y goma (sintética), y aseguran que, en estas presentaciones, a los usuarios se les dificulta reconocer los niveles de potencia de la sustancia.

Por fortuna, una de las ventajas de la marihuana es que puede ser autocultivada por los consumidores. De hecho, el 36.9 % de las muestras analizadas procedían del autocultivo. Sin embargo, es un hecho que el autocultivo requiere unas condiciones materiales con las que no cuenta la mayoría de consumidores.

Si lo que usted consume son sustancias procesadas, debe extremar los cuidados a la hora de decidir dónde conseguirlas. Según el estudio, el 90% de la cocaína circulante en Medellín está adulterada con otras sustancias y al menos una tercera parte de su composición no es cocaína. Las principales sustancias con que se adultera la cocaína son la cafeína, el levamisol y la lidocaína, lo cual implica riesgos por vasculopatía, insuficiencia renal o intoxicación por cafeína. Lo mismo ocurre con la heroína que circula en la ciudad que en la mayoría de los casos es adulterada con cafeína, lidocaína e incluso cocaína.

La situación se vuelve dramática en el caso de las sustancias sintéticas. Por ejemplo, en el caso del LSD, el 77.3% de las pruebas recogidas no tenían absolutamente nada de esta sustancia. Muchas de ellas resultan ser una combinación de ketamina con plastificante ftalatos (una sustancia usada en la industria para dar flexibilidad a los productos de plástico), que puede generar alteraciones del sistema endocrino y en la capacidad reproductiva masculina.

En el caso del 2CB, mejor conocida como Tusi, el estudio encontró que el 94.9% de las pruebas no contenía nada del principio activo. Todas las muestras tenían ketamina o derivados, en una concentración de hasta 59.2%, junto con cafeína y MDMA (Éxtasis), en concentraciones de hasta el 62.8%. El estudio, además, llama la atención, porque “algunas muestras están contaminadas con una catinona que no había sido encontrada hasta el momento en Colombia, y que en el mundo ya tiene registros de intoxicación relacionados a esta”.

Lo que te venden en muchas partes como Éxtasis, según los resultados del estudio, puede ser algo que nada tiene de esta sustancia activa. Más del 31% de las muestras así lo evidenciaron. En cambio, suele estar altamente adulterado con sustancias como hidrastatina, metanfetamina, cocaína, levamisol, lidocaína, ketamina y cafeína. También suele estar adulterada, como el Tusi, con catinona.

El propósito del estudio, según reconoce el secretario de la Juventud Santiago Bedoya, fue “establecer una línea de base sobre el riesgo químico real de las sustancias circulantes del distrito (Medellín), brindando información basada en evidencia tanto para los usuarios como para el personal sanitario y los tomadores de decisiones”.

Y es que la condición de ilegalidad en que se comercializan estas sustancias pone, según el secretario, en mayor riesgo a los consumidores, pues “no tienen cómo establecer la trazabilidad de lo que consumen, esto quiere decir que no tienen condiciones para saber cómo están compuestas las sustancias”.

Estudios de este mismo tipo, realizados en países como España y Holanda, han probado, según Bedoya, la eficacia de la información en la mitigación de los riesgos de salud, “al permitirles a los usuarios tomar decisiones sobre sus cuerpos, vida y salud basados en evidencia científica”.

A estas alturas usted se preguntará de qué le sirve a un consumidor saber con qué están adulteradas las sustancias que consume, cuando en la ciudad se hace prácticamente imposible conseguir una sustancia que no esté adulterada. Se preguntará cómo frenar la mafia que produce y comercializa estas sustancias adulteradas jugando de esa manera con su vida. Uno se ve tentado a creer que si la droga fuera legal, entonces habría una entidad como el INVIMA vigilando para que no se comercializara droga adulterada, pero parece quimérico pensar en este momento en una entidad velando por la pureza de las sustancias psicoactivas que le venden en el mercado. Al respecto, mejor lo dejamos con las palabras de Bedoya:

“El consumo de sustancias psicoactivas es una práctica legal reconocida por la Corte Constitucional desde la sentencia C-221 de 1994 del magistrado ponente Carlos Gaviria Díaz. Por otro lado, la prohibición de la producción, distribución y venta se enmarca en las disposiciones de la denominada “guerra contra las drogas”, la cual, a la fecha, se ha demostrado que fracasó dejando a su paso una estela de víctimas mortales mayor a las ocasionadas por el uso de sustancias psicoactivas. El estudio se constituye en un insumo que permite identificar que la ilegalidad de las sustancias, lejos de evitar el consumo, implica mayores riesgos para los usuarios debido a la imposibilidad de la trazabilidad ya expuesta”.

En ese caso parece que todavía debemos esperar un cambio profundo en la guerra contra las drogas, anunciado ya por el presidente Gustavo Petro. Lo cual de todas maneras no es una garantía para sacar de circulación esa cantidad de sustancias adulteradas que ponen en riesgo nuestra vida, sobre todo cuando todos los días nos enteramos de la cantidad de medicamentos legales adulterados que circulan en el mercado como evidencia de la indolencia de las mafias de todo tipo.

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