Vivir Sabroso, un camino de esperanza y largo aliento

Para Vivir Sabroso hay que volver a nuestras ancestras y ancestros, escuchar sus experiencias y sabidurías para que nos guíen en el camino de vida que desde cada voluntad se teje hombro a hombro, donde todas y todos, junto a la naturaleza, somos uno por una vida digna, sin miedo y en paz.

Ilustración: Inty Maleywa

Por Jhon Mario Marín Dávila

Vivir Sabroso en Colombia es una filosofía y política de vida de las comunidades afrodescendientes y negras, donde no se concibe la vida desde lo individual sino desde lo colectivo; la naturaleza está por encima de todo, predomina la vida no solo humana sino también la de las diferentes expresiones; se trabaja y cuida la tierra, el río, las plantas que reproducen todo para que todas y todos vivan bien. Es un caminar de vida ético y político.

Deyanira Valdés, mayora de la Red de Mujeres Afrocolombiana, Kambirí, de Medellín, dice que “Vivir Sabroso es respirar un aire no contaminado, estar en un lugar donde las condiciones físicas se presten para que yo no tenga que vivir enferma; es tener un mínimo vital de tres comidas al día, tener lo básico, una olla comunitaria para que todo el que llegue a tu casa coma, y todo el que tenga necesidades tenga donde ir. Vivir Sabroso está en tener esas comodidades para que no necesites estar en la calle acostado, enfermo, sino que tengas unas condiciones que te permitan el Buen Vivir. Un Vivir Sabroso sin comunidad no existe”.

Los programas políticos, económicos, ambientales y sociales de los que han gobernado hasta ahora en Colombia vuelven complejo e imposibilitan un Vivir Sabroso. Deyanira Valdés comenta: “Si yo sé que quemando la montaña se produce una contaminación, una pérdida de la vegetación que sostiene el territorio, y sin embargo lo hago, estoy atentando contra el Vivir Sabroso no mío, porque no es personal, sino de una colectividad. Yo llevo más de 30 años en Medellín y cuando me asomo por la ventana y están cogiendo los mangos al medio día, yo me enfermo. Con un sol bien fuerte y tumbando las frutas, para mí eso no es Vivir Sabroso. Y es que cuando hablamos de una cosmovisión hablamos de lo que te enseñaron y lo que te dejaron tus ancestras y ancestros, los usos y costumbres de esa naturaleza para poderla mantener, porque si tumbamos sus frutos a deshoras y con sol vamos a arruinar el árbol”. Y continúa: “Cómo va a ser que me sequen el río que me da el pez, la movilidad, porque a unos se les antojó ir a sacar oro y plata de allá con maquinaria pesada o talar los árboles indiscriminadamente sin saber que mañana los vamos a necesitar. Son uno o dos contra toda una comunidad, desarrollan un proyecto de ese tamaño y uno no puede decir nada porque lo sacan a bala”.

El Vivir Sabroso que añoran los pueblos negros lo pueden establecer porque lo han vivido. Si no lo has vivido y no lo conoces hay que aprenderlo desde las y los ancestros en los territorios. Al respecto comenta Deyanira Valdés: “Yo en esto de Vivir Sabroso hablo mucho sobre cómo dejamos nuestros territorios y por qué los dejamos. Cuando a mí me sacan a bala, me dicen vende o se muere, o esta es la viuda, vamos a presionarla para que se vaya y deje la tierra, o te quitan un hermano, amigo y vecino, no puedo Vivir Sabroso. ¿Tú crees que tan mal acostumbrados como estamos, podremos dar el salto atrás para Vivir Sabroso? Tenemos que cambiar muchísimo y no lo veo para ya, lo veo para el largo plazo, recoger todo esto nos va costar; lo único que pido a dios es que no nos cueste más vidas”.

Cuando el Vivir Sabroso se clama desde los territorios no es porque sea una palabra romántica o folclórica, es una posición política, un caminar de vida que se trabaja día a día y no niega ni justifica las malas intenciones humanas, actúa desde la ética y reconoce los sucesos para buscar otras formas de que no sucedan. Este caminar lleva a volver a las cosmovisiones de los pueblos ancestrales para aprender de las y los mayores.

En el camino de Vivir Sabroso hay que escuchar y aprender de la ancestralidad, de los principios morales, humanos, basados en la creencia de una y uno en la otra y otro, y del cuidado de la naturaleza. “Si tú llegas y te sientas con un mayor o una mayora que te oriente, porque a eso vas, a escuchar y a orientarte, él te dice: empieza a comer con cuchara de totumo. Filosóficamente te está dando un mensaje, bota las cucharas desechables y coge tu totuma. ¿Estarán los jóvenes o los renacientes en un estatus tal de entender lo que quiere decir el mayor o la mayora? Hay que escuchar, al llegar donde ellos, abiertos, desnudos, sin tantas costumbres que nos han llevado a donde estamos”, explica Deyanira Valdés.

La educación y reeducación es uno de los caminos para empezar a Vivir Sabroso, donde predomine la vida, las memorias y sabidurías ancestrales, la palabra como valor ancestral, donde confíe en lo que me dicen y yo digo, en el cuidado, el compartir. “Es educar desde que son pequeños para no reeducar, porque ella, usted y yo estamos para reeducar, pero las y los niños, los renacientes, que van creciendo en la política del Vivir Sabroso, van creciendo con otra manera de cuidar la vida; todo lo que tenga vida hay que cuidarlo para no asfixiarnos. Al educar no estamos hablando de que el maestro y la maestra cojan toda la responsabilidad, también tiene que educar la familia y la comunidad”, dice Deyanira.

Vivir Sabroso es un llamado ancestral y político a que cuidemos la naturaleza, el ambiente, nos cuidemos todas y todos, dejar la ceguera y sordera con las ancestras y ancestros para que nos guíen. Es tejer un proyecto ético de vida en cada comunidad, para luego tejer desde las diversas comunidades un país digno, sin miedo y soberano.  

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