RH:¿La sorpresa?

Por Julio César Rubio Gallardo

 “En un lugar al fondo en la oscuridad

vive un viejo con asma de ansiedad

come los últimos tiempos

parece que adivinara números

lleva años guardando promesas

tiene un mar sin fondo en la inmensidad”

Aurora Alba

Caricatura: X-Tian

Pasada la jornada electoral del 29 de mayo, como suele suceder en los medios masivos de comunicación, se habló de los ganadores, los perdedores y las sorpresas. Un ganador indiscutible, el Pacto Histórico; un perdedor relativo, el Uribismo; y, una sorpresa, Rodolfo Hernández. Sí. El “ingeniero” ha sido la sorpresa, incluso algunos lo dan como el ganador de la jornada, adjudicándole una serie de epítetos que realzan su llegada a la segunda vuelta: antisistema, outsider, anticorrupción, bonachón y desparpajado. El “viejito del TikTok”, es un personaje que no encaja en los perfiles de quienes hacen política y administran lo público. Toda una “sorpresa”.

Pero este hombre, visto con cierto detalle, es sorpresa solo por los votos alcanzados –inimaginables y aun inexplicables–, porque él encarna viejas prácticas y procederes que merecen atención, en tanto serán (y han sido) parte de su “arte de gobernar”. La primera de ellas tiene que ver con el cinismo, como narrativa justificadora de sus acciones. Este cinismo, que él confunde con ser frentero, es una estrategia para evadir sus mentiras o justificar el incumplimiento de sus promesas.

El caso emblemático son las cartas-cheque que entregó en la campaña a la Alcaldía de Bucaramanga –con las cuales ganó muchos votos-, donde prometía viviendas, que nunca entregó, y luego dijo que eran solo lotes con servicios. Por ello a la pregunta, “¿Ud entregó viviendas?”, la respuesta sin vergüenza ha sido no. Las entrevistas en medios locales lo dejan ver tal cual. Ahora, la prueba a su cinismo es la adhesión a su campaña de Federico Gutiérrez –que no ha negado y a quien trató de corrupto–, al igual que las odas al registrador nacional, porque ahora sí le favorecen los datos.

El segundo proceder y actuación de Rodolfo está ligado a su riqueza. Es decir, el ingeniero es un rentista. Es alguien que ha hecho del negocio inmobiliario, y como lo ha manifestado, de las hipotecas y los créditos de vivienda, su forma de acumulación. En sus palabras, “son una vaca lechera”, ojalá con créditos a 15 o 20 años en un país con precariedad habitacional y altos intereses, porque quienes sí pagan son los pobres y las clases medias. De ahí que sea explicable su concepción privatista del Estado y su elogio a la figura del emprendedor o negociante. Eso es él, un negociante de la renta, que significa beneficiarse del trabajo y el salario de otros que padecen el endeudamiento. Si esa es la idea de productividad para el país o de modelo económico, las diferencias no serán ningunas con el gobierno saliente.

También se deja ver en el bumangués un sujeto caracterizado por la soberbia de hacer, a toda costa, lo que quiere. De ello da cuenta la grabación de un diálogo con uno de sus abogados cuando era alcalde, que pone en situación de prevaricato a su subalterno, con tal de que este cumpla su orden. Esta soberbia llevada al extremo, ha desembocado en denuncias por insultos, agresiones y golpes que ha propinado a sus críticos. Hechos que para algunos hace parte del “folklore de Rodolfo” y su “arrechera santandereana”, pero que expresa cierto talante para gobernar. En no pocas ocasiones Rodolfo ha usado una combinación, para él eficaz: una soberbia cínica. La táctica de la zanahoria y el garrote, de agredir y disculparse, de lanzar improperios y luego plantear que no quería decir lo que dijo. Al final, lo que pretende es imponer su posición. De esto puede dar cuenta el “infalible” Néstor Morales de Blu Radio.

El cuarto proceder, muy evidente en sus declaraciones públicas y que se puede inferir de la nota que el canal Caracol hiciera a su esposa, es su machismo. De esa nota no quisiera comentar detalles, cada quien sacará sus conclusiones cuando la mire, pero es claro que tiene una concepción hacia las mujeres ajena al mundo de los derechos, logros y oportunidades alcanzadas hasta el momento. Pero el machismo encarna, en lo profundo, la aceptación de asimetrías y desigualdades como parte del orden social, lo cual se traduce en sexismo, racismo y demás relaciones de dominación. Lo evidente, hasta ahora, son las mujeres “en la casa” y los hombres, por defecto, en la calle y en la vida pública.

Una forma de nombrar a este hombre es “el ingeniero”. Esta palabra rememora, de alguna manera, las elecciones pasadas y su ganador que, en no pocos medios de comunicación nacional –como siempre poco afectos a candidaturas alternativas– vendieron el imaginario de que llegaba un hombre joven y técnico y que, por tanto, su gobierno sería cuando menos interesante por la llegada de una tecnocracia formada en el extranjero. Es decir, el saber experto nos ayudaría a resolver las complejidades del país, pero lo acontecido es que esa tecnocracia es, ante todo, burocracia política o politizada. De ahí que, como se viene promocionado, el “ingeniero” no es un técnico, es un político con intereses y negocios y se corresponderá, así no lo diga públicamente, con aquellos que lo acompañan.

Finalmente, una lectura reflexiva se debe hacer sobre el uso que Rodolfo hizo y está haciendo de las redes sociales. Esta virtualización de la política, como sexto proceder, supone dos inquietudes. La primera sobre la eficacia electoral que este nuevo tipo de interacción social genera como votos reales, o sea, cómo los likes se traducen en las urnas, sobre todo por el aumento de votos alcanzados por el “ingeniero”. Se dirá que muchos del Centro o de Fico votaron por él, lo cual puede ser cierto, pero la magnitud amerita la pregunta. O, en su lugar, sigue viva la duda sobre el software usado para las elecciones, asunto delicado para la segunda vuelta. La otra inquietud, si gana por likes o videos en TikTok, tiene que ver con la práctica de gobernar en un país profundamente regionalizado y de precaria conexión digital, si mantendrá la comunicación unidireccional que algunas de estas redes suponen, donde la ciudadanía queda reducida a espectadores.

Ya veremos al “ingeniero”, sus simpatizantes y aliados. Para ellos, nada de vivir sabroso.

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