Rodolfo Hernández, o el político derechista, populista y cantinflesco

Por Álvaro Lopera

Foto: «Pagaré de 20 mil Hogares Felices» o La estafa a la población humilde de Bucaramanga (Revista semana)

De la nada apareció en el escenario político electoral un ingeniero civil de la Universidad Nacional, dueño de la firma constructora HG y con una fortuna de 100 millones de dólares. Su nombre es Rodolfo Hernández, de 77 años, un outsider, como gusta llamarse a esas figuras supuestamente “antisistema” que han logrado relevancia a partir de propaganda exhaustiva en youtube. De él hablan en su tierra, no tanto por hacer obras filantrópicas o ser un gran hombre, sino más bien por su irritable forma de ser y por escándalos administrativos muy a pesar de haber fundado en 2019 la organización política Liga de Gobernantes Anticorrupción (LIGA), cuyos principios parecen sacados del manual de urbanidad de G.M. Bruño: juego limpio, participación, igualdad, pluralismo, equidad e igualdad de género, transparencia y moralidad.

Esta LIGA fue constituida con un cometido muy claro: participar con candidato propio en las elecciones presidenciales de 2022. Lo irónico de todo ello es que, si bien el discurso que acompañó el nacimiento de este grupo político fue el de la anticorrupción, su máximo exponente, Rodolfo Hernández, está imputado por muchos casos no solo de corrupción sino de abuso de autoridad y estafa pública cuando fue alcalde de Bucaramanga.

Un discurso estrábico

A Groucho Marx, el gran cómico norteamericano, se le atribuye una frase que pasó a la posteridad y que viene como anillo al dedo a la campaña de Rodolfo Hernández: “Yo sí tengo principios, pero si no le sirven se los cambio por otros”.

Tras el resultado “imprevisto” de este 29 de mayo, es decir, el paso a la segunda vuelta de Hernández y el ocaso de Federico Gutiérrez, los seguidores del ingeniero, como a él le gusta llamarse, vieron, no sé si con asombro, cómo el uribismo le endosaba los más de cinco millones de votos que había obtenido la fallida campaña de Gutiérrez, y cómo José Obdulio Gaviria, alfil del Centro Democrático, había rebuznado esta frase en la W Radio: “¿Quién dijo que perdimos si pasó Rodolfo Hernández?” Y el ingeniero inmediatamente aceptó, “de buena fe”, dichas adhesiones.

A lo anterior se sumarían los trinos triunfalistas de las senadoras del Centro Democrático, María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, los cuales fueron aturdidores para cualquiera que se precie de tener conciencia social. La primera vociferó: “El triunfo de Rodolfo es el triunfo contra el establecimiento. El país necesita cambios, no el suicidio que ofrece Petro, pero sí autoridad, orden y la prosperidad que ofrece un empresario como el @ingrodolfohdez”. Como si ella no fuera una fiel representante del establecimiento corrupto que ayudó a construir a partir de crímenes de lesa humanidad y narcotráfico.

La segunda trinó desfachatadamente apoyando a Hernández con palabras triviales contra la corrupción: “Felicitamos al ingeniero por su gran votación. Apoyaremos su propósito de combatir la corrupción y derrotar a Petro.” El mensaje que envían ambas es: «Todos contra Petro. Todos contra el programa del Pacto Histórico: este no debe llegar al gobierno».

Rodolfo Hernández siempre ha sido un consentido del Centro Democrático. En 2015, cuando aspiró a la Alcaldía de Bucaramanga, recibió el apoyo de este partido. En más de una ocasión, y en videos de amplia circulación, se ha referido al presidente Uribe como un hombre al que aprecia y que fue fundamental durante su administración. 

Al coro de los aplausos de Hernández se había sumado ya el escritor William Ospina, muy conocido por su “neutralidad política”. Lo respalda plenamente y califica como “un santandereano impulsivo y valiente que se ha lanzado solo contra los hábitos tramposos e hipócritas de la vieja política”. De todo se ve en la selva ideológica de este país.

Trastornos de personalidad

En el conocido portal http://www.venezuela-news.com, el día 31 de mayo apareció un artículo de Andrés Ibáñez, profesor de la facultad de arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, en donde nos llamaba a mirar con atención quién es Rodolfo Hernández, el cual, a su juicio, es autoritario,impulsivo y violento en todas las formas: siendo alcalde, la Procuraduría lo sancionó e inhabilitó por ocho meses por agresión física y verbal contra el concejal John Jairo Claro Arévalo cuando este entró a su despacho a recriminarle el corrupto papel jugado por su hijo en la contratación de la planta de tratamiento de basuras de Bucaramanga con la firma Vitalogic.

Dice que lleva siguiéndolo desde hace tres años en youtube y lo califica como un político con trastornos de personalidad psicopática. Para argumentar lo anterior agrega las características de su personalidad, en tanto son conocidas, pues como hombre público todo ello está documentado en las redes: miente con facilidad y descaro, camufla su naturaleza perversa y narcisista bajo una imagen bonachona y bondadosa, sonriendo y llorando ante las cámaras, pero es inhumano y autoritario fuera de ellas; seduce y convence a cualquier precio utilizando siempre la muletilla de la corrupción y de lo que la gente quiere oír.

Habla de que Hernández acusa a otros de las cosas malas que él mismo hace. El 20 de octubre de 2020, en una entrevista que le hizo el periodista Jorge Gómez Pinilla y que tituló, tomando las palabras de macho de su entrevistado, ‘Para gobernar solo se necesitan huevas’. Ante la pregunta “¿No cree que lo que ocurrió con Vitalogic (su hijo y su esposa acudiendo a una notaría para firmar un contrato de corretaje por US$2 millones) le hizo mucho daño a su credibilidad como luchador contra los corruptos?”, respondió: “Sí, pero no eran instrucciones mías. Le voy a decir la verdad: eso lo planeó la politiquería. Puras mentiras del bandido ese del Édgar Suárez Gutiérrez. Simplemente lo hacen para manipular, porque vieron que no me podían arrodillar ni se me podían encaramar”. Y de nuevo apareció el viejito malgeniado, con su garrote, pero “bonachón”: “No le tengo miedo a la Procuraduría, no le tengo miedo a la Fiscalía, no le tengo miedo a la Contraloría Municipal, que me tiene 200 investigaciones, porque no me robé nada”.

Más adelante, en la misma entrevista y tras una respuesta evasiva que había dado a una pregunta concreta sobre el no cumplimiento de una promesa de campaña de entregar 20.000 “Hogares Felices” para un sector pobre de Bucaramanga y que lo catapultó a la Alcaldía, respondió con la mejor carga sofista: “Lo hice de buena fe. Dije: voy a gobernar por lógica, ética y estética, y en eso les cumplí. Pero no sabía que se habían robado el municipio, porque en los informes de entrega decía que todo estaba perfecto. Se robaron todo. Si no se hubieran robado el municipio los políticos y los 10 concejales del Partido Liberal, habría sido capaz de hacer eso”. Por esta estafa a la ciudadanía está demandado, toda vez que las cartas cheques son consideradas una especie de pagaré. La lógica, ética y estética consistió en llegar a la Alcaldía, hacer las trastadas previamente planeadas y no cumplir ni con la construcción de un solo “Hogar Feliz”.

Ibáñez remata su artículo con otras características muy preocupantes de este sujeto: No muestra signos de auténtico remordimiento ni culpa, ve a las personas como objetos o instrumentos para usar, busca siempre ganar a cualquier costo; no muestra conexión empática ni siquiera con sus seres más cercanos. Con respecto a esto último, que es muy alarmante y que muestra casi que una personalidad bipolar, el autor del artículo escribe que “al hijo lo llama estúpido en una entrevista al aire, y su esposa admite que nunca le ha reconocido sus logros”. Y peor, a las mujeres las trata mal y dice que no deben estar en escenarios políticos sino administrando los hogares, porque lo contrario sería visto en esta sociedad con muy malos ojos.

Al final el autor se hace las preguntas típicas que cualquier persona inteligente debería hacerse: “¿Por qué a Colombia, un país que ha sido tan engañado y manipulado, aún le cuesta tanto identificar este tipo de personalidades? ¿Por qué sabemos tan poco de estos temas?”.

Populismo cantinflesco

Y ahora, ante la descomunal puesta en escena del apoyo de un partido narcofascista en desbandada, el Centro Democrático, al que se le reconoce como el adalid de la corrupción, el narcotráfico, el desplazamiento y el vaciamiento de los derechos humanos y laborales en el país, el candidato Hernández sacó del sombrero de mago un trino desesperado el 30 de mayo que llamó “No coman cuento. Aquí les dejo 20 diferencias que tengo con el Uribismo”, lo que sería su miniprograma de gobierno, esperando con ello que el efectismo corra a borbotones por el cauce de sus huestes ignorantes, vacías de pensamiento crítico.

Esa expresión burda que emplea digitalmente, “no coman cuento”, hace parte de su inventario lingüístico rústico, destemplado, que maneja con tanta soltura y que tanto gusta en la cultura traqueta. En ese tweet se dio a la tarea de aclarar qué haría en caso de ser elegido presidente, con temas que calculadamente servirían para reencaucharlo en la vida política y le darían un perfil antiuribista y anticorrupción.  

Según ese libelo digital va a reactivar el campo y no asperjará glifosato (es decir, supuestamente se opondrá con valor a las órdenes de Biden), tampoco aplicará recetas neoliberales ni violentas (el mismo que dice que no hay mejor cosa que un “hombrecito” le pague por 15 años los intereses de una hipoteca y que llama a los empresarios a dejar a sus trabajadores pobres, porque ellos, los pobres, se gastan todo el salario en el mes); habla sin sonrojarse que va a reducir el tamaño del Estado haciéndolo más eficiente y va a acabar la corrupción en los procesos de contratación (como si no tuviera rabo de paja), prometiendo la meritocracia como fórmula infalible.

También, con mucho humor demagógico, habló de instaurar un gobierno austero (tal vez se refiere a austeridad en la inversión social); bajaría el IVA y desaparecería el 4 por mil bancario (es muy fácil decirlo). Asegura que su gobierno “independiente” va a llevar a efecto los acuerdos de paz de la Habana e instaurará diálogos con el ELN (¿cómo va a hacer, si fuera cierto, si no cuenta con bancada parlamentaria, salvo la de la extrema derecha?).

Restablecería relaciones diplomáticas con Venezuela (¿ustedes se imaginan lo que sucedería en las huestes uribistas del Congreso?), apoyaría la diversidad sexual y de género (un misógino consumado), y el aborto; no daría el visto bueno para el fracking (el mismo señuelo de Duque). Lanzó una carta con la esencia del Pacto Histórico: impulsaría la renta básica para las familias pobres del país; y no volvería a manosear la Ley de Garantías tal como lo hizo Duque para favorecer contrataciones ad portas de las elecciones 2022. Todo a sabiendas que fue un demagogo confirmado y demostrado en la Alcaldía de Bucaramanga.

El anzuelo para los jóvenes de Colombia

Les hace un guiño a los jóvenes del país: apoyará la protesta social (amenazó con instaurar el régimen de excepción al otro día de llegar al gobierno), condonará las deudas del estudiantado con el ICETEX (un hombre para quien el dinero lo es todo), y no usará el ESMAD “como un elemento brutal de choque contra el derecho de protesta”. Eso sí, no se compromete a desmantelarlo, ni a separar a la Policía del Ministerio de Defensa para pasarla al servicio civil tal como lo propone el Pacto Histórico.

La demagogia no puede tocar las fibras de la extrema derecha y del imperialismo, es decir, le dan largas para hacer un populismo aceptable para todos, bonachón e irrealizable, pero, sobre todo, para intentar cooptar a todos aquellos fastidiados con la realidad que viven y que piensan con la mentalidad de su crasa ignorancia política.

Terminó ese texto twittero de la misma manera, con las mismas formas veintejulieras: “Al igual que mi campaña, mi gobierno será independiente, yo no le debo nada a nadie, no coman cuento”. ¡Bienvenidos al paraíso cantinflesco posuribista!

A la última pregunta que le hizo el periodista Gómez Pinilla a Hernández: “¿Usted se cree preparado para ser presidente de la República? El ahora héroe del uribismo respondió: “Sobrado. Es que el presidente no tiene que saber de todo, ¿quién dijo eso? El presidente lo que tiene que hacer es quitar la robadera. Mejor dicho, para gobernar solo se necesitan ‘huevas’. Para eso no se necesita ser Einstein”.

El pueblo consciente y crítico sabe que votar por este sujeto y su verborrea zafia no es el camino para despejar el futuro de nuestro país. Más bien es un atajo para llegar rápidamente a los únicos paisajes que desconocemos del bicentenario averno colombiano.

Foto: Yo, el supremo (cambiocolombia.com)

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