Editorial 75: La utopía no tiene techo

Pintura de Hundertwasser

El verdadero enemigo a derrotar, según lo dejó en evidencia la primera vuelta de las elecciones presidenciales, es realmente la ignorancia. Nunca fue Fico, ni siquiera Uribe, ni lo es tampoco ahora Rodolfo Hernández. Y es que, frente a un pueblo ilustrado, con una conciencia ética bien formada, esta ralea de la más baja calaña, representante de la mala conciencia social que se ha impuesto, ni siquiera habría pelechado. Rodolfo Hernández, un provinciano millonario y desconocido hasta hace poco, no ha pasado a segunda vuelta porque sus argumentos hayan convencido a nadie, porque sus propuestas éticas y políticas ostenten solidez y su discurso exhiba coherencia. Ha pasado precisamente con los votos de una masa que no está para escuchar y sopesar argumentos, sino que se mueve al son de las frases efectistas y los discursos populistas de baja factura, que solo buscan movilizar los más bajos instintos de la gente más primaria.

La oligarquía, que ante momentos críticos siempre actúa como bloque, ha sabido leer muy bien el momento. Cuando vio que Fico no despegaba en las encuestas, empezó a inflar a Rodolfo Hernández, aprovechando que su discurso ramplón y grosero calaba bien entre las masas. El cálculo era que, si Fico pasaba a segunda vuelta, sería muy poco el caudal electoral que podía arañar de Rodolfo Hernández; en cambio, si ganaba Rodolfo contaba con que el sentimiento antipetrista que ha difundido el uribismo entre sus huestes redireccionaría prácticamente la totalidad de los votos de Fico hacia Hernández.

También los electores de Hernández son antipetristas, pero más moderados y solapados. Aunque reconocen la urgencia de un cambio y la necesidad de confrontar a la clase política tradicional, no se atreven a enfrentar en toda su dimensión ese cambio y le compran el discurso a cualquier maromero que proponga un cambio cosmético sin desacomodar a nadie. Eso también lo supo leer Rodolfo Hernández, avivando a su favor el inconformismo que anida hoy en esas masas y el miedo a Petro, lo mismo que hizo el denominado Centro, pero con un discurso más machacón, que le llegó al corazón más burdo de la masa: aquella que elige con el hígado y no con la razón. Empezó a hablar duro contra la maquinaria y contra la corrupción, aunque sin despegarse ni de la maquinaria ni de la corrupción.

Tiene razón Hernández cuando dice que quienes votaron por él habían salido a votar para que el país tomara un nuevo rumbo. Pero no dijo que se habían equivocado porque él, precisamente, no puede ni quiere darle ese nuevo rumbo. Según él, “ganó el país que no quiere seguir ni un solo día más con los mismos y las mismas que nos han llevado a la situación dolorosa en que hoy estamos”. Y sí, mucha gente pudo haber votado por Hernández a causa del fastidio que le produce hoy la clase política en Colombia, a causa del deterioro de sus condiciones económicas que no le permiten más ignorar la situación ni a los responsables de tanta miseria. Pero su ignorancia no le permitió ver la pobreza del discurso y la ausencia de propuestas de Hernández, por tanto, no ven que este, en vez avanzar hacia la resolución real de los problemas que hoy agitan a la nación, puede perpetuarlos. Tan evidente es esto, que casi inmediatamente conocidos los resultados de las votaciones, la oligarquía más goda y traqueta de este país, la dueña de la maquinaria política y la “que nos ha llevado a la situación dolorosa en que hoy estamos”, anunció su respaldo ferviente a Hernández y este la recibió contentísimo, mostrando así que su discurso contra la corrupción y la maquinara no era más que eso y que nunca estuvo entre sus planes confrontar a la clase política tradicional que se ha robado a Colombia y tanto sufrimiento ha generado.

La gran votación obtenida por Rodolfo Hernández da cuenta del dilema en el que se encuentra buena parte de la sociedad colombiana, que sufre en carne propia los estragos del modelo económico y la forma de hacer política de esta élite mafiosa y criminal, y que a la vez le teme a un cambio profundo que realice reformas en donde todos tengamos que desacomodarnos para alcanzar una sociedad donde la justicia social se haga realidad. Ese cambio lo encarna, aunque de manera muy imperfecta todavía, Petro. Pero la oligarquía, que siente sus intereses amenazados y no quiere renunciar ni siquiera al mínimo de sus privilegios conquistados durante décadas a sangre y fuego, ha impulsado una campaña de terror ideológico contra Petro, que ha calado muy bien en estas masas.

La pregunta es por qué crece en las masas el miedo irracional hacia Petro, mientras compran de buena gana el discurso contra la corrupción de un corrupto probado, de un pelele que se ufana de su ideología nazi y de haberse enriquecido aprovechándose del sueño de casa propia de la clase media, sometiéndola a una usura infinita;, de un macho cabrío a quien le parece bien mantener relegadas a las mujeres en la cocina y que en vez de debatir con argumentos prefiere darse trompadas con los contradictores. En parte tiene que ver con la identificación con ese ser primario y ordinario, pues en un contexto donde la educación llega a tan pocos y cuando llega es de pésima calidad, en donde se ha impuesto la cultura traqueta y penetrado hasta en los tuétanos de la sociedad, muchos terminan por ver en ese viejito cascarrabias y atrabiliario a un semejante, cercano, y más si manifiesta el mismo fastidio que les embarga. Pero también por la ignorancia y la pereza que no les permite evaluar críticamente los argumentos de los contrincantes políticos. De eso se ha valido Hernández, sacándole el cuerpo a los debates públicos y explotando al máximo las redes sociales con sus frases efectistas, altisonantes y vacías.

Esa ignorancia, que no es falta de información, sino en buena medida una actitud vital que combina la desinformación, el desinterés, la comodidad y el egoísmo extremo, hasta llegar casi al envilecimiento, es la que debemos derrotar. Y, por supuesto, no culpabilizando al pueblo de la manipulación sistemática de la que ha sido víctima, pero tampoco exculpándolo de su molicie, sino más bien emprendiendo procesos de formación de largo aliento en los que nos hagamos conscientes de nuestra propia subjetividad desde una perspectiva crítica y explorando, entre todos, las estrategias para erigirnos como arquitectos de nuestro propio futuro. Entre la comprensión y la crítica se mueve el camino que nos aleja de la ignorancia socialmente construida.

Y la derrota que debemos propinarle a tal ignorancia no es electoral ni se limita a garantizar el triunfo de Petro, de quien se dice, interesadamente, que ya alcanzó su techo. Ni es una lucha exclusivamente colombiana, pues otros países tienen a su Trump o a su Bolsonaro, por no hablar de Europa donde el fascismo se expande desvergonzadamente como expresión de esa ignorancia universalizada. Es una tarea para la humanidad en la construcción de una utopía que no puede admitir ningún techo, pues sería lo mismo que resignarse al envilecimiento y la autodestrucción como destino. En este sentido debemos hacernos conscientes de que con Petro se abre, por lo menos, una posibilidad para esta utopía, mientras que, con Hernández en la presidencia, como en los tiempos de Uribe y sus lacayos, la chabacanería y la bellaquería se convertirían en modelos de vida.

Juanito remontando un barrilete – Antonio Berni

7 comentarios en “Editorial 75: La utopía no tiene techo

  1. Terribles días para la humanidad parecen avecinarse. La democracia enfrenta su momento más peligroso y la ilustración y la razón parecen condenadas y se nos viene una era de obscurantismo que conviene sólo a los poderosos del mundo, que quieren ver convertida, a la mayoría de seres humanos, en meros instrumentos desechables sin otra función que la de servir sin pensar.

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  2. Saludos desde España. Aquí también hay mucha desinformación. La gente es buena, pero los que escriben el discurso oficial (en toda europa) controlan y dirigen la opinión hacia donde les conviene. Ahora se han quitado la careta, al llegar al extremo, histórico, de prohibir ciertos medios extranjeros (rusos) para «protegernos de la desinformación» según sus palabras. El mundo unipolar tiene sus días contados, todo es fuerzo parea difundir la verdad es poco y al mismo tiempo necesario si queremos que la transición inevitable al nuevo orden sea lo más pacífica posible.

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  3. Hacía falta una reflexión como la del editorial. Invito a los lectores a detenerse en cada uno de los puntos planteados, los cuales son propicios para la acción a corto y mediano plazo.

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  4. Muy interesante el texto… yo llevo años luchando y al lado del proletariado. Al lado de los míos, de mi manada..
    Y todo eso lo comprendo.. desde hace años viene pasando y .es hora del cambio.
    Petro es el llamado hoy por hoy a empezar ese camino de justicia social amor a la vida y ala naturaleza.

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