La salud mental no es solo un tema individual, también es social

Por Jhon Mario Marín Dávila

Muchas veces se cree que la salud mental está determinada solo por situaciones individuales, y la sociedad llena de culpas y responsabilidades a quien la padece, desconociendo que estas afectaciones son causadas por consecuencias del modelo de sociedad en el que vivimos

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Nos han hecho creer que la gran mayoría de lo que nos pasa es por culpa nuestra, haciéndonos olvidar que la individualidad se forja a partir de todo lo que nos permea en la realidad y solo en el transcurso del tiempo el ser humano va aprendiendo a tomar decisiones. Esto no quiere decir que se desconozcan diversos comportamientos individuales, sino que para comprender muchos comportamientos individuales tenemos que analizar la realidad, y en este texto lo haremos desde lo cultural, económico y político.

Los sistemas de poder capitalista, patriarcal y colonial nos han llevado a dejar de pensarnos como colectivo, en donde todas y todos podamos prosperar en conjunto; lo que provoca que la situación esté cada vez más difícil para vivir, genera incertidumbre y estrés en las personas. Como comenta Sol, habitante de alguna de las comunas de Medellín: “La situación económica está muy dura en mi casa, mis hijos comen una vez al día y muchas veces yo no como para que ellos coman. Yo no tengo trabajo, y me están ofreciendo un trabajo en el centro de Medellín, pero yo no tengo pasajes para ir a trabajar, y la plata que logro conseguir me alcanza solo para comprar un poco de comida, que está muy cara… Es desesperante y angustiante esta situación”.

El tan reconocido dicho de que “los pobres son pobres porque quieren” responde a un pensamiento de personas que carecen de empatía, los privilegios las y los ciegan y los sumerge en la individualidad. Estas personas desconocen que las condiciones laborales son inestables, y mucho menos que no tienen el recurso suficiente para cubrir las necesidades básicas y, como resultado, encontramos personas frustradas, estresadas y desesperadas por no lograr vivir dignamente en las condiciones que la sociedad les impone.

Ahora bien, sumémosle a la inestabilidad y desigualdad de condiciones laborales, el aumento del costo de la canasta familiar, el transporte, los servicios, los arriendos, haciendo mención solo a lo básico; todo aumenta menos el salario del obrero y la obrera. A propósito, Rosa, habitante de una de las periferias de Medellín, dice lo siguiente: “En años anteriores, nosotras bajábamos a la Minorista y veníamos a nuestras casas con un bulto de comida; en cambio, mire hoy, vamos en este bus y traemos solamente dos bolsas. Una no sabe qué hacer y cómo alimentar ya a la familia”.

En las redes sociales la gente, las empresas y el gobierno comentan que ¡trabajo sí hay!, que quien no trabaja es porque no quiere. Estos comentarios generan presión, estrés y, aún más, frustración en quienes buscan y no logran conseguir un trabajo; pero eso no es todo, cuando una persona consigue trabajo, ¿cuáles son sus condiciones laborales? ¿El pago sí es el adecuado?  ¿Su calidad de vida cambia? ¿Cuánto es el esfuerzo que tiene que hacer para estar a nivel de lo que dice la sociedad?

Un día, mientras iba en una de las cabinas del metrocable del Valle de Aburrá y conversaba con una mujer, le pregunté cuántas horas dormía, ya que afirmaba andar muy agotada: “Duermo media hora. De 4:00 de la mañana a 4:30, pues tengo que madrugar a despachar a mi marido para el trabajo y a mis hijos para el colegio; luego continúo trabajando en las confecciones para entregar el lote a tiempo, y a eso de las 6 de la tarde voy a estudiar hasta las 9:45, para llegar de nuevo a trabajar… ¡Son esfuerzos y es la única manera de salir adelante en la vida!”, contestó mientras sus ojeras resaltaban más que el brillo de sus ojos.

La presión social y el afán de tener que “ser alguien en la vida”, como si una ya no fuera alguien por el hecho de existir, nos obliga a querer hacer todo y olvidarnos de nosotras mismas. ¿Por qué para ser un ser humano ejemplar tienes que abandonar tu vida?, ¿Acaso no importan las consecuencias? Tener que dejar de compartir con tus seres queridos, sentir el cuerpo siempre cansado, débil, con sueño, obligándote a tomar café en exceso o pastillas para mantenerte activa y aliviada y estar cada día pensando: ¿a qué costo vivo? Aunque el momento de reflexión desaparece porque hay que seguir rebuscándose la plata para “ser alguien en la vida”.  

“En el trabajo tengo que responder por muchas cosas, más de lo que debo hacer, y por más cansado que esté, tengo que trabajar horas extras en semana y fines de semana para poder cumplir; uno quisiera buscar otras oportunidades, pero no hay más trabajo y uno con hijos no se puede dar el lujo de renunciar sin tener otro trabajo, continúa, a pesar de que me dé dolor de cabeza, cansancio o me enferme, me toca tomar pastillas y seguir”, comenta Josefina, obrera de una empresa de Medellín.

Las malas condiciones económicas, políticas, sociales y de trabajo nos llevan a tener pocas esperanzas para vivir, tristeza, ansiedad, frustración, intentos de suicidio y suicidio, desaliento, entre muchas sensaciones emocionales y corporales que pueden ir agudizándose con el tiempo. La salud mental no es un tema individual, también es social; muchos de los problemas físicos y mentales son producto de las condiciones del sistema capitalista que abole la vida, el cuerpo del ser humano y acaba con la naturaleza, y desde el sistema patriarcal que oprime y coloca en desventaja el pensar y sentir de la mujer obrera y cuidadora y desde el sistema colonial que extermina la diversidad, las creencias y otras formas de vida.

A quienes ejercen el poder bajo estos sistemas no les importan las consecuencias que conllevan sus decisiones, con tal de generar mayores ganancias, volvernos más individuales, débiles y egoístas; fragmentando la sociedad sin que les importe el otro o la otra, ni les interese escuchar. A las personas solo les queda buscar sobrevivir para ser alguien en la vida mientras llega el día de retornar a la tierra.

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