Julián Assange: del desnudo de la mentira al odio y la persecución

Por Álvaro Lopera

Estaba seguro de que contar la verdad lo pondría en calzas prietas, pero nunca se imaginó que iba a terminar en una cárcel de alta seguridad, enfermo, languideciendo como una vela que no puede sostener su llama, estigmatizado hasta niveles nunca pensados. Abandonado por los colegas periodistas de los principales medios de comunicación del mundo y perseguido por un imperio que, con un mazo de 175 años de prisión, no lo dejará en paz hasta ponerlo en la picota pública para “demostrar” que nada ni nadie en La Tierra, y menos el periodismo crítico, puede detener su molino de muerte, su opresión centenaria, su Destino Manifiesto.

Manifestantes frente a Old Bailey, Londres, donde está a punto de celebrarse una audiencia sobre la batalla del fundador de Wikileaks, Julian Assange, contra la extradición a Estados Unidos. Foto: pressgazette.co.uk

El 18 de mayo o en días cercanos, la ministra del Interior de Reino Unido, Pitri Patel, responderá la apelación de la defensa para evitar que Assange sea extraditado a Estados Unidos, último puerto de su vida, en donde, en medio de la tortura sicológica y, quizá, física, pasaría el resto de sus días en una prisión. Allí contará con las peores condiciones de reclusión posibles, pues se trata de una venganza del poder norteamericano, tal como le sucede desde hace más de catorce años al colombiano Simón Trinidad, antiguo comandante de las FARC, preso en USA.

Ya el Tribunal Superior de Londres aprobó la extradición de un Assange enfermo, físico y mental, y vulnerable a cualquier tipo de condena, pues asegura que está satisfecho con las garantías de la parte estadounidense de que no será sometido a un régimen duro, conocido como medidas administrativas especiales, cuando se encuentre bajo su custodia. Su vida, definitivamente, corre peligro.

La imputación es de espionaje –a sabiendas que el informante islandés de la CIA, Sigurdur Ingi Thordarson, que lo había acusado de haber jaqueado al Pentágono, se había retractado de ello– y robo de información top secret: archivos relacionados con las guerras en Afganistán e Irak filtrados por WikiLeaks, que demostraron que la tortura y los crímenes de lesa humanidad habían sido “normalizados”.

WikiLeaks, la gran amenaza

Assange se dio a la tarea de cofundar un portal de periodismo de investigación en 2006, WikiLeaks, desde donde desnudó las mentiras oficiales de las grandes potencias que siempre aparecen como grandes verdades en la gran prensa. Un video inolvidable fue la masacre, en 2007, de periodistas de Reuters y civiles en Irak, cuando desde un helicóptero norteamericano se pidió permiso para asesinar a supuestos terroristas, a sabiendas que no lo eran. El Pentágono pasaría la noticia a los medios occidentales como una acción antiterrorista.

Julian Assange se encargó de poner en la escena cientos de órdenes y misivas de la Casa Blanca y del Pentágono para acabar in situ con algún personaje u organización que estratégicamente estorbara en cualquier parte del mundo. El Pentágono sabe que Assange nunca ha robado información ni ha jaqueado sus redes internas, en tanto la que puso siempre en su portal fue a partir de la entrega voluntaria que hicieron muchos funcionarios anónimos de gobiernos y empresas, además de la analista de inteligencia norteamericana Chelsea Manning. En una frase, al sacar a la luz pública millones de documentos internos de las potencias imperialistas con el único objetivo de informar a la opinión pública –basado en el derecho público a saber–, Assange se puso en la mira de sus agencias de inteligencia.

A pesar de que grandes medios europeos, como The Guardian, y norteamericanos, como New York Times, publicaron algunas de las “hazañas” del imperialismo en los inicios de las denuncias de WikiLeaks, al final se voltearon y taparon la nariz cuando la persecución imperialista se hizo efectiva contra él. Y claro, por arte de birlibirloque aparecieron demandas en tribunales de Suecia de abuso sexual de dos mujeres que años más tarde reconocerían que todo fue una farsa. Cuando la justicia sueca renunció a la persecución, en la prensa occidental se ventiló el tema como abandono por vencimiento de términos. Tampoco faltarían las provocaciones de ciertos periodistas “reconocidos”, hablando del engreimiento y prepotencia de Assange. El barullo fue bien organizado.

Solicitud de asilo

Huyendo de los verdugos, terminó en la embajada ecuatoriana en 2012, en el gobierno de Correa, quien le dio asilo y ciudadanía para poder desplazarse y vivir en ese país, cosa que no lo logró al cabo de los años, puesto que el gobierno inglés, fiel aliado de Estados Unidos, lo impidió. A partir de allí las cosas se le dificultarían bastante: no podía salir, no tenía autonomía, era vigilado con los más avanzados sistemas tecnológicos, no podía conversar con quien quisiera.

Años más tarde, en 2015, el gobierno de Correa contrató a la empresa española de seguridad Undercover Global S.L para que garantizara la integridad y seguridad de la legación diplomática y del refugiado Assange, pero el resultado final fue que su propietario, David Morales Guillén, hizo espionaje audiovisual completo de la vida de Assange en la embajada a partir de 2017, previo contrato con un aliado de Trump, y la información se la envió a la CIA, por lo cual está siendo investigado en España desde octubre de 2019.

Es importante anotar que, en 2017, con el ascenso de Trump al gobierno y la llegada de Mike Pompeo a la CIA, se planeó su secuestro o asesinato, y ello fue una noticia pública que no sonrojó a la prensa ni generó ningún tipo de protesta. El odio y la vendetta, como si de una mafia se tratara, han sido los puntales de esta azarosa celada norteamericana.

La libertad de prensa en la picota

En 2017 llegaría el gobierno de Lenín Moreno, el cual se apresuraría a desmontar, cual renegado, el legado de Correa, y uno de ellos, la lucha por llevar a Assange al Ecuador o como mínimo mantenerlo protegido en la embajada de Londres, lo tiró en la primera cuneta que encontró: se lo entregó en abril de 2019 al cancerbero, Reino Unido, que inmediatamente lo trasladó a la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh, como si fuera un reo peligroso. Todo a cambio de retribuciones pecuniarias y acuerdos comerciales con Estados Unidos.

La actual situación apunta a la extradición, a pesar de miles de súplicas y protestas en todo el mundo que exigen la libertad de Assange en vista no solo de su estado delicado de salud –en octubre de 2021 le dio un derrame cerebral–, sino también de que su labor ha sido periodística y que no es ni ha sido ningún espía al servicio de intereses particulares o estatales.

La historia no absolverá al verdugo ni al cancerbero ni al judas ecuatoriano.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s