Editorial No 74: Paciencia para construir el gobierno del pueblo

Arte de yoga / Sin Autor

La sabiduría popular hay que interpretarla y dialectizarla históricamente para que nos sirva de guía en la tarea de interpretar la realidad y transformarla, en vez de asumirla como fórmula exótica, aunque vacía, o fuente de resignación. Dicen, por ejemplo, que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. Y nosotros tenemos a Duque, un verdadero esperpento, y hemos tenido a Uribe y a sus ayudantes por casi 20 años, machacando nuestra dignidad, empobreciéndonos, masacrándonos, humillándonos.

Podemos seguirnos exculpando y repitiendo como un mantra, que han asesinado a los mejores líderes y desarticulado las organizaciones populares, que los paramilitares y los narcotraficantes, al servicio de los cuales han ascendido estos gobernantes, coartaron a las comunidades y las obligaron a votar en contra de sus propios intereses, o que la ignorancia del pueblo les permitió a estas élites mafiosas comprar los votos para reelegirse. O, en fin, decir que nos engañaron y prometieron cosas que al final nunca cumplieron. Aunque todo esto sea cierto, se esgrime como una disculpa para no reconocer nuestra responsabilidad, por acción u omisión, en la perpetuación de un gobierno mafioso y corrupto que nos exprime como sanguijuela hasta la última gota de vida y de dignidad. Lo que los poderosos han hecho para retener el poder hay que contrastarlo con lo que los pueblos hemos hecho para impedirlo.

Por lo demás, la pelea es aquí y ahora y todas las experiencias del pasado deben servirnos como enseñanzas para enfrentar el presente; las posibilidades de transformación se juegan en cada momento y reclaman nuestra disposición para ello. Las preguntas son: ¿Seremos capaces de torcer, aunque sea un poquito, la historia que otros han querido imponernos? ¿Nos haremos al fin merecedores de otras formas de gobierno? ¿Estamos en capacidad de gobernarnos a nosotros mismos, de construir otras instituciones que materialicen el poder popular y los ideales del pueblo? Las preguntas no se agotan ni pueden confundirse con aquellas que se orientan a saber si elegiremos esta vez un gobernante que represente nuestros intereses y se identifique con nuestros sueños y anhelos de justicia social y bienestar para todos. Aunque pasa por ahí, de lo que se trata es de construir un gobierno del pueblo y para el pueblo.

Y esa construcción se juega más allá de unas elecciones y demanda una paciencia inconmensurable y, sobre todo, una voluntad clara para participar en dicha construcción, para convertirnos, como pueblo, en artífices y sujetos de la historia y no en los jueces pasivos e impotentes que la juzgan desde la distancia y se someten resignadamente a ella. La política es un asunto tan importante que no se la podemos dejar a los politiqueros, tenemos que arrancarla de sus manos y ponerla al alcance de todos para amasar juntos una sociedad mejor. En este caso, debemos probar con valentía una alternativa a los gobiernos de las élites neoliberales, mafiosas y corruptas, y comprometernos a fondo con ella. Eso implica protegernos entre todos para que no nos maten por intentar construir un mundo mejor, educarnos entre todos para que nadie venda su voto por un plato de lentejas o un puesto en el ministerio, cultivar la esperanza para vislumbrar un futuro realmente luminoso; combatir la indiferencia para que nadie se quede cruzado de brazos viendo cómo el mundo se cae a pedazos o juzgando con malevolencia a quienes intentamos cambiarlo. Para que nadie se quede sin votar por pereza o ignorancia (vestida muchas veces de arrogancia política) y para que nadie limite su participación al voto.

Solo el pueblo salva el pueblo, dice otro proverbio popular, que es más bien una invitación a la acción, a la construcción del mundo que nos merecemos. Así que no afincamos nuestras esperanzas en un candidato presidencial sino en nosotros mismos, en la medida en que seamos capaces de organizarnos y articularnos en la lucha, incluso con el candidato presidencial o con el proyecto político que más se identifique con lo que intentamos construir. Reconociendo, sin embargo, que un pueblo pasivo, que renuncia a gobernarse a sí mismo, siempre buscará y encontrará líderes, no importa si de derecha o de izquierda, dispuestos a imponerles su voluntad.

Convertirnos en pueblo que se gobierna a sí mismo, que incorpora dentro de sí al gobernante y conduce conscientemente las instituciones en favor de la vida de las comunidades es, sin embargo, un proceso que lleva mucho tiempo y está sometido a muchos reveses y sinsabores; por lo tanto, reclama mucha paciencia y disposición para el aprendizaje y para trabajar con el otro. Es una oportunidad para reconocer nuestras diferencias y trabajar, en el mediano plazo, por resolver nuestras desavenencias y construir un camino común, antes que concentrar los odios y los resentimientos que, hasta ahora, han dividido y debilitado a la izquierda mucho más que la misma acción violenta de la oligarquía.

La transformación de las instituciones y de la cultura mafiosa que ha imperado en ellas desde hace décadas no se consuma con la elección de un candidato que se ponga al servicio del pueblo, sino que apenas empieza. Y recibirá todos los ataques de los ricos que ven amenazados sus privilegios, y una de sus estrategias será precisamente movilizar al pueblo contra el gobernante, como ocurre hoy, por ejemplo, en Perú. Y esto no es nada difícil, pues el nuevo gobierno recibirá un país quebrado y fracturado socialmente, con uno de los endeudamientos más grandes de la historia, con niveles de desempleo alarmantes, y unos índices de desigualdad y pobreza que definitivamente lo hacen inviable. Si el nuevo gobierno es de derecha llegará a robarse lo que pueda antes de que se acabe y, sobre todo, a borrar las huellas de sus crímenes sempiternos y garantizar la impunidad para sus esbirros. Pero si es un gobierno alternativo que de verdad intente transformar la situación estructural de pobreza y desigualdad encontrará muchas dificultades.

El reto aquí es que el pueblo cultive la paciencia y el aprendizaje para exigirle al gobierno cumplir con su programa en la medida en que las condiciones actuales lo permitan y no dejarse instrumentalizar por la derecha, cobrándole al nuevo gobierno lo que no es más que el resultado de un robo sistemático y continuado por décadas a manos de la élite corrupta y de la estructura desigual que ha implantado en la sociedad. No se trata de defender un gobierno a capa y espada, sino de construir un proceso de transformación social que se proyecte en el horizonte del muy largo plazo a través de muchos gobiernos sucesivos y de la acción del pueblo organizado en todos los ámbitos de la vida social.

Hands Up / Sin Autor

Un comentario en “Editorial No 74: Paciencia para construir el gobierno del pueblo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s