Uno se muere cuando lo olvidan

Por Jhonny Zeta

Foto: Arnubio Roldán

Era la frase de consigna de doña Fabiola Lalinde, una madre que por 12 años forjó una carrera, recorriendo muchos de los lugares oscuros e inhóspitos de nuestra patria hasta dar con el paradero de su hijo desaparecido por el Estado colombiano. Por su persistencia de cirirí se puede afirmar que con los años esa frase parece ser más de doña Fabiola que del mismo Manuel Mejía Vallejo.

Una tarde del 2012 el equipo de la Revista Quitasol se daba cita para grabar la Cosecha del Viento II, CD de poemas. Doña Fabiola era nuestra invitada de honor, con la humildad y la nobleza que siempre la caracterizaron nos hacía reír porque decía que no sabía por qué la vida la ponía en esas. Tomó aire y recitó frente al micrófono de registro su poema “Noche y niebla”. La grabación salió de un tirón con buen registro y dicción.

Minutos después, cruzando la calle Mon y Velarde del centro de Medellín me preguntó: oiga, joven, ¿cuál es su profesión? Le respondí y ella aseguró que era una coincidencia, porque ambos éramos colegas de oficio, con la diferencia que yo había tenido que ir cinco o seis años a la universidad y presentar al final una tesis de grado, mientras que ella había tenido que hacer primero la tesis, buscando a su hijo Luis Fernando. Le dije que de alguna forma ella había perdido y encontrado a su hijo, y a mí me había tocado lo mismo con mi madre. Después hablamos de otras cosas mientras caminábamos y antes de la despedida afirmó que aquél amigo que teníamos en común era un ángel, y siempre llegaba de visita a su casa con un pan.

Fue recogiendo y guardando documentos de todo tipo que se convirtieron en la investigación de su trabajo de grado como historiadora de los desaparecidos en Colombia, ella se reía diciendo que solo le faltaba el título. Ese archivo, familiar, fue donado a la Universidad Nacional, sede Medellín en el año 2018.

Doña Fabiola siempre recalcaba que era una mujer del común. El humor y la ironía sana y respetuosa no solo caracterizaban sus discursos sino también sus escritos. A continuación, su hoja de vida:

Apuntes para mi historia de vida

Invitada: Una mujer sin importancia.

Hoja de vida o mejor, más acertado: Hoja de adversidades, fracasos, retos y desafíos.

Nombre: Fabiola. Por fortuna nadie lo recuerda, convirtiéndose en muchos otros nombres que en nada se parecen: Ofelia, Elvira, Margarita, Elvia, Josefa, Yolanda, Laura…

Padres: Hija de dos extremistas: Un padre liberal-liberal, finquero, que no tragaba entero y una madre, maestra, conservadora extrema, de camándula y golpes de pecho.

Lugar de nacimiento: Nacida en la zona cafetera del viejo Caldas, a la hora del crepúsculo en que las cosa brillan más.

Edad: Años sin cuenta y un siglo de ausencias.

Estado civil: Colombiana, cabeza de familia.

Número de hijos: Cuatro. Una familia atípica:

  • El mayor: Sociólogo y marxista, detenido-desaparecido-asesinado-desintegrado y ocultados sus restos por una patrulla militar del Ejército, en la raíz de un árbol, en lo alto de una montaña.
  • El segundo: Filósofo de a pie, acusado por reflejo, como las valorizaciones, de los delitos que jamás hemos cometido.
  • La única mujer, escultora y ceramista. Su obra ha sido amasada con lágrimas, con dolor y con coraje. Su pieza más significativa y bella: la urna para los restos de su hermano, una obra de arte, todo un desafío y un reto a la crueldad del Estado y a su impunidad.
  • El menor, el benjamín de la familia, próximo a terminar Derecho, la persecución le torció su brillante carrera y terminó exiliado por denunciar y buscar a su hermano.

Profesión: ¡Peligro…! Promotora de Derechos Humanos. Formada en la Escuela de la Vida y egresada del Buen Pastor (Cárcel de Mujeres); especializada, según el Estado, en terrorismo, subversión y jefe de la narcoguerrilla de Antioquia.

Experiencias:

  • Búsqueda de desaparecidos por razones políticas y otras causas.
  • Exhumaciones e identificación de restos de N.N.
  • Denunciar, denunciar y denunciar al Estado, tanto nacional como internacionalmente.
  • Apoyar causas perdidas y campañas de resistencia pacífica.

Militancia: En el partido de las mamás, quienes, a la hora de la verdad, llevan la peor parte en este estúpido proceso de autodestrucción, que padecemos desde hace más de sesenta años, en un país inmensamente rico y pésimamente mal administrado.

Esto escribió doña Fabiola sobre sí misma.

Larga vida a nuestras madres y padres de la memoria, a Fabiola, a Chucho Mejía, a tantas personas que sembraron la semilla que hoy alimenta la dignidad de un país.

Hace pocos días doña Fabiola abandonó su cuerpo físico, de seguro se fue a ampliar las praderas de la memoria. Nos dejó el terco oficio de seguir construyendo la dignidad por encima de las circunstancias adversas, nos dejó su legado de Cirirí. Cuando entregó el archivo familiar a la Universidad nacional leyó un discurso en el que resaltaba:

Este es mi presente de dignidad a las generaciones que están y a las que vienen, ustedes que son amantes de la verdad, la libertad, la justicia y la belleza, ustedes que tienen en sus manos construir un país distinto. Persistan, no dejen de buscar, de preguntar siempre por qué, por qué, por qué…

Abono: Ahora nos queda como tarea ampliar el horizonte de cielo necesario para que ese Cirirí que también nos habita no pierda su espacio vital, su necesaria rebeldía, su canto y su vuelo, siempre libre.

Foto: Arnubio Roldán

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s