Mindfulnes o la consciencia plena

Por Cristina Arias Galeano

Imagen tomada de saratulipani.com

¿Sí ve?, ya se desconcentró, y yo tratando que sea consciente y practique el Mindfulnes cuando necesita alimentarse.

Definición de esta palabreja: “Es la atención plena, también llamada consciencia plena, consciencia pura o atención consciente. Es una facultad espiritual o psicológica que se considera de gran importancia en el camino hacia la iluminación, según las enseñanzas de Buda Gautama”. Esta es una definición de wikipedia, quiere decir, una búsqueda sencilla y rápida para que no pierda el interés y deje de leer porque es ese el objetivo de este texto: que trate de centrar su atención en lo que está haciendo tal como lo define la palabra Mindfulnes.

En mi primer texto en este periódico le hice una cordial invitación a que empezara a apropiarse de su salud. Deseo que ya haya empezado y que no esté esperando a que inicie el nuevo mes. «¡Ay! Pero es que para eso pago la EPS y tengo doctores que se encargan de mi salud», me dirá y se dirá usted, y yo le voy a responder que la verdadera razón de volver a invitarle a que entienda su alimentación, es que no tenga que pisar un hospital a menos que realmente lo necesite porque, sin duda, la medicina es maravillosa pero, para mí, sobre todo lo es cuando hay un accidente y se requiere reparar una fractura o suturar una herida. Porque es algo poco probable que se pueda solucionar con una sopa en casa. Pero no nos desconcentremos…

Seguirá quizás insistiendo: «Pero cuando necesito una solución médica llamo a mi sobrina, que estudió pasa pinzas, para preguntarle por alguna pastillita para el dolor de estómago o de espalda porque ella siempre sabe de alguna bomba o pastilla levanta muertos para cualquier dolor; claro, yo para qué voy a gastar tiempo yendo a ver a un médico si la solución ya me la sé: acetaminofén» ¿Le suena a guión de teatro? Pero no, es la vida real, lo digo por experiencia: desde que empecé mi carrera en instrumentación quirúrgica recibía de repente llamadas de mis tías lejanas -y yo creyéndome que me extrañaban-, pero solo me preguntaban qué debían hacer frente a ciertos dolores, qué les recomendaba tomarse. Antes, mi respuesta siempre era: yo no soy médico, debe ir donde el médico para saber exactamente qué es lo que le pasa. Pero ahora, después de un buen tiempo, entiendo a los alimentos y pregunto: ¿cómo se ha estado alimentando? ¿Sí está poniendo en su plato las suficientes verduras?

Un amigo (un poco pasado de peso) se justificaba un día diciendo que en el restaurante en donde pedía su almuerzo todos los días no vendían ensaladas, y yo no sabía si reírme o llorar, pero espero que logre entender mi punto respecto de lo que imaginé en esos momentos: ¿cómo es que uno paga un almuerzo todos los días del mes y no se cree con el derecho de solicitar en su pedido una porción de ensalada? A mí simplemente me sonó a excusa.

Nuevamente quiero insistirle -a mí también me pasaba-, pues yo también confiaba en mi prima enfermera o en mis colegas para solucionar o tapar el dolor inmediato, porque es eso lo que uno hace: taparlo, pero por corto tiempo tapo un lado y estoy siempre enfermando el otro.

Hoy en día me da un poco de nervios poner en tela de juicio el papel que cumplen los médicos en las consultas de revisión general. Habitualmente usted asiste por un dolorcito muscular, muy normal si empezó a hacer deporte o seguramente fue el producto de algún estrés acumulado (la nueva pandemia); hasta con dolores de pecho o migrañas recurrentes que son síntomas de alarma de que algo más grave está pasando en su cuerpo, estos médicos le van a decir lo mismo: «Tómese un acetaminofén», y ya está. Usted se dice a sí mismo: he perdido mi tiempo esperando dos o tres horas para que me dijera lo que me dice siempre mi sobrina; y si lo ven muy grande y robusto, será excusa para aumentarle la dosis o cambiarle el nombre de la pastilla (es el mismo acetaminofén) porque realmente para ellos es solo cuestión de comisiones si le ayudan a vender a otra farmacéutica.

Créame, la salud ya no es salud, es un negocio y usted hace parte de eso, y es algo que está tan perfectamente planeado que logran amarrarle de por vida. No sé si logra hacerse la imagen en la cabeza de las pasadas generaciones de la familia que siempre tuvieron montones de pastillas en la cartera, y mientras pasaba el tiempo y asistían más al médico, estas no disminuían como debería ser el objetivo sino que aumentaban. ¿Sí o no?

Espero que esta crítica sea entendida como constructiva si hay médicos que alcanzan a leer esto; no dejo de valorar su hermosa tarea, pero por favor quítense esos karmas de encima y empiecen a ayudar de verdad a construir conciencia en la salud de la sociedad.

Luego de esto solo pretendo recordarle que el Mindfulnes lo invita a ser plenamente consciente de la actividad que está realizando; así que sea consciente de usted: por favor enfoque la mirada en su existencia, pregúntese de dónde vienen esos dolores, saque un ratico cada día para moverse, para aprender de los alimentos, vuelva la atención a la lista de mercado, mire su nevera y haga una limpieza.

De veras, hay que practicar la conciencia plena porque de lo contrario no logrará escuchar a su cuerpo, no logrará hacer un detox (proceso de desintoxicación); no se sumerja en el mundo de los medicamentos excesivos, en la falta de conocimiento y la casi nula educación de cómo debe suplir los requerimientos diarios de macronutrientes. Si elimina de su cocina la mayor parte de alimentos procesados, no solo lo va a notar físicamente sino que cada vez su Mindfulnes se perfeccionará y tendrá más clara la mente.

Y le cuento que no me lo estoy inventando: hay miles de artículos científicos, extensos libros con muestras poblacionales que evidencian que hay una adicción a la comida, que lo hemos estado haciendo mal por años, y que la falta de conciencia en la alimentación diaria nubla el pensamiento que conduce a que no haya un orden de ideas, a que se sienta más cansado y con menos ganas de movimiento. Si no me cree, pues le invito a que empiece a leer, a conocer su tierra, su mundo, su cuerpo y su mente.

Haga parte del cambio, haga parte de esto que revolucionará la educación o por lo menos el concepto de esta. Cuando decida ir al médico hágalo porque quiere confirmar teorías, haga de cuenta que tiene una entrevista exclusiva con un gurú; le aseguro que así logrará que la consulta sea también muy amena para el médico que está al otro lado del escritorio logrando, quizá, captar su mirada y robársela al ornato que tiene frente a él.

Puede que siga pensando que soy una predicadora de una nueva religión; pues sí, mi nuevo dios soy yo, somos nosotros, somos las comunidades que reflexionamos cabalmente sobre nuestra alimentación y nuestra salud; pero si llegó hasta el final es porque le gustó y como dice una canción por ahí: “Con solo una persona que lo lea ya empieza a cambiar el mundo“.

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