Presencia y aportes de la mujer en la medicina de Colombia

Dentro de una sociedad patriarcal, la medicina es una ciencia patriarcal”. (Dra. Cecilia Cardinal)

Por Félix Orlando Giraldo Giraldo

Inés Ochoa Pérez y Ana Galvis Hotz. Ilustración de Santiago Guevara

El ser humano a través del tiempo y en diferentes geografías ha reflexionado sobre su entorno, al igual que lo ha transformado para sobrevivir, dejando un legado de realidades sociales, materiales, políticas y culturales. Mas la mujer fue sometida a una discriminación en múltiples aspectos, y uno de ellos fue el estudio y práctica de la medicina. En Colombia, ella ha sido excluida del estudio, impidiendo su ingreso igualitario a la educación superior, lo cual obligó a que se diera una lucha del sector femenino en el siglo 20 hasta alcanzar a ser protagonista de logros científicos. Veamos algunas de ellas y su participación en la salud colombiana.

Juana Bartolomé de Mier:primera mujer registrada formalmente como practicante de la medicina en Colombia. Formada por los frailes dominicos del hospital San Juan de Dios en Mompox, departamento de Bolívar. Ejerció entre 1761 y 1767, como gran maestra de la Herbolaria, incorporando saberes de los indígenas Chimilas, municipio de Sabanas de San Ángel (Magdalena).

Ana Galvis Hotz:graduada en la Universidad de Berna, Suiza, en 1877. En Colombia se dedicó como “especialista en enfermedades del útero y anexos”, la cual la convirtió en la primera ginecóloga del país.

Sara Paéz de Moncó:médica homeópata, graduada en el Hering College de Chicago, en 1910. Miembro activa del Instituto Homeopático de Colombia, enfocada en el cáncer y medicina preventiva. Fue partícipe de los movimientos feministas en la década de 1920.

La Dra Lidia Grutzendler, de origen ucraniano, graduada en la Universidad de París en 1915, ejerció en Colombia y fue una de las principales mujeres del ejercicio profesional médico en nuestro país. En entrevista a la revista HOGAR(tribuna feminista en pro del acceso de las mujeres colombianas al bachillerato y a la educación superior), afirmó: “Es verdad que el medio no está preparado, pero son las mismas mujeres quienes deben prepararlo, porque hay que saber que los hombres no nos darán nunca nuestros derechos si nosotras no vamos a tomarlos”.

En 1923 el Partido Liberal intentó organizar el bachillerato femenino e ingreso de mujeres a la universidad, pero fracasó ante la fuerte oposición del Partido Conservador. Hasta ese momento la educación primaria era lo único permitido para las mujeres. El Partido Conservador (1928) no implementó reformas en la educación secundaria que permitieran a las mujeres graduarse como bachilleres, requisito indispensable para el ingreso a la universidad.

Con la llegada al Poder del Partido Liberal en 1930, se impulsó nuevamente la educación secundaria y superior femenina en el país. El 10 de diciembre de 1934 se presentó al Congreso de la República un proyecto de ley para permitir el ingreso contando con una decidida defensa de Jorge Eliécer Gaitán y fuerte oposición de Germán Arciniegas.

Paulina Gómez Vega (1928): primera mujer que se postuló para ingresar como estudiante a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia. Solo se le autorizó asistir a clases como oyente, dada su condición de mujer. Acudió ante el Ministerio de Instrucción y Salubridad Pública, exigiendo su derecho a estudiar. Fue rechazada por el Dr. José Vicente Huertas.

Gerda Westendorp Restrepo:nacida en Bogotá en 1916 y hermanastra del sacerdote revolucionario Camilo Torres Restrepo, fue admitida como estudiante de medicina de la Universidad Nacional de Colombia, becada, en tanto se presentó con cientos de hombres y ella tuvo el mejor puntaje, así que no tuvieron otra opción que dejarla entrar.

En su primer día de clases, el 1 de febrero de 1935, sus compañeros le hicieron calle de honor, durante su caminata de ingreso a la Facultad, porque habían apostado entre ellos que no sería capaz de entrar. En entrevista hecha en 1985 por el periódico El Tiempo, ella relató: “El camino me pareció eterno. Yo caminaba seria y callada. Había un silencio absoluto. Cuando llegué a la planta de estudios en el segundo piso, me recosté contra la baranda y todos me miraban como si fuera un animal raro. Éramos 300 y yo… pasado un buen rato, el más lanzado de todos… preguntó: – “¿Señorita, es verdad que usted va a estudiar con nosotros?”. Cuando llegó el primer profesor a clase de fisiología –parece que era el doctor Aguilera Camacho- les llamó la atención a todos y dijo: “Tengo entendido que por primera vez hay entre nosotros una señorita”. Entonces se acercó hasta su lugar e hizo levantar a uno de los jóvenes de la primera fila de su sitio: “De aquí en adelante este puesto será respetado y de preferencia para la dama”. Y comenzó la clase.

En entrevista con el sociólogo Fernando Cubides en 1991 –que consta en el libro de Zulma Urrego: Mujeres y médicas: semblanza de las primeras estudiantes de medicina en la U. Nal…-, dijo: “Aclaro, que entré, fui la primera mujer colombiana que entró a una universidad colombiana a estudiar medicina, precisamente a la Universidad Nacional, pero no terminé. No estuve sino por un año. Entré, hice el primer año, aprobé todos los exámenes, y demostré que la mujer es perfectamente capaz de igualarse al hombre en estudios y en todo. Yo me siento muy orgullosa cuando veo a la mujer ocupada en puestos altísimos en todos los sectores”

Solo hasta 1939 ingresó como estudiante de medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, la primera mujer que logró graduarse en ella. Se trata de Inés Ochoa Pérez. Obtuvo su grado de “Doctor en Medicina” en 1945. Tuvo hostilidades y discriminaciones de buena parte de sus cincuenta y nueve compañeros y de algunos de sus profesores.

En 1958, se graduó como médica, Vilma Piedrahita Echeverry, en la Universidad de Antioquia, y luego sería la primera mujer especialista en pediatría de Colombia, la primera nefróloga en el país y, además, la primera y única decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Fundó el servicio de Nefrología Infantil del Hospital Universitario San Vicente de Paúl, hoy Fundación Universitaria San Vicente.

De seguro hay más mujeres sobresalientes y surgirán muchas más que aportan y aportarán grandes servicios a la sociedad.

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