Algo muy grave va a suceder en Ucrania…y la OTAN lo logró

Por Álvaro Lopera

La guerra y el trasfondo de adhesión de Ucrania a la OTAN

Parodiando a García Márquez en su cuento “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, lo que el imperialismo norteamericano, haciendo el papel de la abuela, prometió que iba a suceder –la invasión de Ucrania por parte de Rusia– ya ocurrió, pero con base en operaciones especiales no masivas contra objetivos militares en Ucrania, según la alocución de Putin, el presidente de Rusia.  

No era una premonición sino un deseo de las grandes corporaciones militares que venden armas como parte de la salida del estancamiento en que se halla el capitalismo mundial, incluido el capital financiero que sostiene el cañazo de la explotación del gas del fracking en la bolsa de valores norteamericana. Intenta detener la venta de gas ruso a Europa 40 mil millones de metros cúbicos anuales para reemplazarlos con el gas licuado que se transportaría por el Atlántico en grandes buques hasta llegar a Europa para venderlo a precios superiores al gas ruso. Y de contera, por qué no, destrozar la economía rusa y de pronto lograr una rebelión interna para socavar la gran unidad geopolítica Rusia-China, aislando de esta manera al verdadero rival: el dragón asiático, la real amenaza a la hegemonía norteamericana en el mundo.

Estados Unidos se la pasa jugando billar geopolítico a tres bandas y lejos de casa. Su país tiene encima una gran conmoción social y un alto grado de polarización política, amén de la enorme pobreza y crisis de su sistema económico, el mismo que se refleja en todo el planeta. Llevar, en clave de guerra, la crisis a otras fronteras allende las propias, es algo que sabe hacer a la perfección desde antes de la Segunda Guerra Mundial (SGM). Ahora, el nefasto y decaído gobierno demócrata de Biden pretende subsanar tanto el escenario interno como impulsar un buen flujo económico con base en la exportación de activos militares al este de Europa, encender una guerra con réditos estratégicos y alterar el curso energético que Alemania había emprendido desde hace más de tres años con Rusia.

Ucrania es un país manejado por una camarilla de extrema derecha que está siendo usada como peón del imperialismo, en tanto es un factor ofuscante que promete alterar el manejo geopolítico que una Rusia relativamente calmada en términos estratégicos ha mantenido a través de los años y tras la caída de la URSS. El gobierno Putin es un hueso duro de roer para la OTAN, y, por tanto, desde 2014, tanto Europa como Estados Unidos han pretendido socavar su política exterior basada en la disputa estratégica que se pretende con el impulso de la visión ruso-china: “Un mundo multipolar, sin hegemonías”. Todo desarrollado, por supuesto, en la arena de la disputa capitalista-imperialista.

Aun así, no se puede posicionar la idea de la neutralidad en este conflicto. El imperialismo norteamericano está jugando con los dados cargados a su favor, esto es, inició el conflicto al pretender poner a la OTAN a cinco minutos de Moscú con sus misiles nucleares. En términos geopolíticos, cruzó la línea roja establecida por la Federación Rusa para evitar un potencial conflicto nuclear.

La OTAN, o el lobo con piel de oveja

Tras la derrota de la Alemania nazi en 1945, y habiéndole infligido un gran daño al pueblo japonés con el lanzamiento de las dos bombas atómicas el 6 y el 9 de agosto de ese año, Estados Unidos, en cabeza de su presidente, el anticomunista Harry Truman, se dedicó en pleno a construir los cimientos para el nuevo orden mundial. Y esto a pesar de la ONU, ese cuerpo mundial que nacería en 1945 presumiblemente para evitar que se repitiera la hecatombe de una guerra que ocasionó –en esto la historia no se ha puesto de acuerdo entre 50 y 65 millones de muertos, de los cuales la Unión Soviética aportó, por obra y gracia del odio anticomunista hitleriano y el racismo, cerca de 27 millones de muertos.  

Las huestes nazis y muchos jefes de las SS y la Wehrmacht alemanas viajarían a Estados Unidos, no propiamente como derrotados, sino como cuadros especializados que ayudarían a crear esa siniestra institución en 1947 –hija de la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos)– por mandato de Truman; la muy conocida por todos los pueblos del mundo: la CIA. Su filosofía, su organización, su actuación es hija de esos aparatos monstruosos que usó el nazismo, desde que llegó al poder en la Alemania de 1933 hasta que terminó la guerra, en contra de los pueblos y de los hombres y mujeres que se oponían al fascismo.

Paralelamente se iban dando los pasos para sacar a la escena geopolítica a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN): esta nacería oficialmente en 1949 con doce “socios”: Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Italia, Bélgica, Países Bajos, Portugal, Dinamarca, Francia, Islandia, Luxemburgo y Noruega. En 1952 se unirían Grecia y Turquía y en 1955, como si nada hubiera pasado, ingresaría Alemania por la puerta grande y con sus deudas de guerra casi condonadas.

En 1982 ingresaría España, y sería el último país europeo en hacerlo antes de la caída de la Unión Soviética (URSS). En el entretanto nacería el Pacto de Varsovia (PV) en 1955, al cual se acogerían todos los países del oriente de Europa que habían saltado a la palestra socialista después de la SGM además de la Unión Soviética. Entonces no es verdad lo que la historia occidental nos ha dicho por años: que la OTAN nació como repulsa al Pacto de Varsovia, sino que sucedió todo lo contrario: la Guerra Fría fue impulsada conscientemente por el imperialismo norteamericano y su objetivo básico fue la detente del socialismo soviético y del comunismo y de allí surgiría ese aparato imperialista –OTAN– que tantos crímenes de lesa humanidad carga en sus espaldas.

Caída la URSS, y en medio de esa tragedia, Gorbachov, el último presidente de ella, pactó solemnemente con los presidentes de Estados Unidos, Francia y con el canciller de Alemania que si bien la OTAN no desaparecería –cosa muy extraña, pues el peligro del comunismo ya no existía tampoco se extendería hacia el este de Europa, y que los viejos países socialistas que habían participado en el PV, por nada del mundo harían parte de la OTAN.

Tras esos falsos acuerdos seguiría lo inimaginable: la OTAN bombardearía un país europeo en 1995, Yugoeslavia, con el pretexto de evitar una “presumible limpieza étnica” que el gobierno de ese país, dirigido por el médico Milosevic, había emprendido contra las minorías croatas, bosnias, kosovares, etc., todo un artilugio que causó no solo miles de muertos en ese país socialista, sino también la división de su territorio en 6 países: Serbia, Croacia, Bosnia, Macedonia del Norte, Montenegro, Eslovenia. El último bombardeo que se emprendió contra Serbia fue en 1999, aupado por el gobierno de Bill Clinton con la misma excusa y con la nueva estrategia geopolítica y militar de “participar militarmente para proteger a la población de un gobierno violador de derechos humanos” del cual Europa obtuvo un nuevo país, aún no reconocido por casi nadie, solo por Estados Unidos y algunos de sus socios otanescos, llamado Kosovo, que es realmente un territorio manejado por una mafia traficante no solo de droga sino de órganos humanos, pero, eso sí, es la base militar más grande de Estados Unidos en Europa. Todo un montaje que nunca ha tenido un castigo ejemplar de parte de la ONU.

Pero allí no pararía todo. La OTAN afiliaría antes de que terminara el siglo XX a tres países de la antigua órbita del Pacto de Varsovia: Polonia, Hungría y la república Checa. Siguió pues en firme creciendo cuando su razón de ser se había esfumado. Después caería como anillo al dedo el conveniente “atentado terrorista” de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, lo que daría oxígeno a esta organización para crecer hacia el este, aún más, y para lanzar lo que se conoce como “La campaña infinita contra el terrorismo”, de parte de Estados Unidos y en cabeza del presidente George Bush II.

Con la OTAN de bolsillo que es dirigida militarmente por un general norteamericano, y sin contar con el permiso, lanzó la campaña contra el país y el pueblo de Afganistán, la cual terminó con una estruendosa derrota militar gringa en agosto de 2021. Los muertos de estas dos décadas del siglo XXI se cuentan por millones, pues también ese aparato militar, que tiene todo el apoyo de la Unión Europea, incursionó alevemente contra Irak (más de un millón de muertos), Libia (más de 300 mil muertos), Siria (más de 500 mil muertos) –sin siquiera el permiso del Consejo de Seguridad de la ONUy participa indirectamente con todo el apoyo militar y logístico en la masacre del pueblo yemení que Arabia Saudita emprendió desde 2015 en una guerra sucia de alta tecnología contra un pueblo que se debate entre el hambre, las enfermedades y los desplazamientos.

Ya en 2021 tenemos a una OTAN fortalecida, con 30 miembros, todos los nuevos de este siglo pertenecientes a la antigua esfera socialista. Estados Unidos y la Unión Europea nunca cumplieron los acuerdos hechos con Gorbachov.

En la Guerra Fría, período que transcurrió desde 1945-1989, la OTAN implementaría una política genocida en Europa: el Stay Behind o como se le conoce en Italia, la operación Gladio, que consistió en usar todas las herramientas legales e ilegales –masacres, atentados, secuestros, etc.en los países europeos haciendo pasar estos como realizados por fuerzas de izquierda revolucionaria para evitar que las organizaciones de izquierda llegaran a los gobiernos de Europa, pues la doctrina anticomunista decía que si eso llegara a ocurrir, la Unión Soviética sería la favorecida. La historia no escrita por los vencedores espera algún día ser contada.  

Rusia, desde principios de este siglo, ha exigido que cese el crecimiento de la OTAN hacia sus fronteras, pues ese país es considerado como un enemigo y la doctrina estratégica imperialista lo manifiesta abiertamente. Y menos que lleguen con sus misiles a la puerta de su casa, que es lo que representa Ucrania para Rusia.

La conferencia de Munich

Como si fuera un déja vù de antes de la Segunda Guerra Mundial, el día 18 de febrero del presente año se reunieron en Munich los países miembros de la OTAN a los que sumaron a China –tal vez como asesor espiritual para amainar los ánimos y Ucrania, en cabeza de su presidente, el excomediante Volodimir Zelenski. Meses antes del inicio de la SGM, las potencias occidentales sin la URSS se reunieron en esa misma ciudad con Hitler en 1938 y le cedieron todo lo que pidió, salvo Polonia, esperando así que el monstruo fascista saciara su apetito de territorios y volteara las armas contra el naciente Estado socialista: la Unión Soviética. Hitler agradeció el gesto, pero lo que ignoraban las potencias capitalistas occidentales –las mismas que le negaron ayuda a la República española en su guerra contra el fascismo impulsado por Francisco Franco era que quería toda Europa, pues el revanchismo alemán lo tenía presupuestado como su ‘Espacio Vital’.  

En la conferencia de seguridad de Munich, Alemania, el canciller Olaf Scholz, miembro de la pléyade socialdemócrata –hijos de aquellos que dieron la orden de asesinar a Rosa Luxemburgo en 1919– se atrevió a desdeñar la versión del pueblo del este de Ucrania de la misma forma como Hitler se burló de las quejas de los pueblos que, previo a la guerra, había invadido con la anuencia de Francia e Inglaterra: “Es un chiste de mal gusto decir que en esa región hay un genocidio”, afirmó, como si se le hubiera olvidado la historia reciente y lejana de su país, y no fuera Alemania uno de los firmantes del acuerdo de Minsk de 2014-2015 que ordenaba cesar los inmisericordes ataques que para entonces la nueva dirigencia de Ucrania, salida del golpe de Estado contra el presidente Yanukovich en 2014, estaba lanzando contra la región del Donbass. Más de 13 mil muertos en 8 años no son suficientes para ese socialdemócrata que necesita ver más sangre para que entonces las versiones de estos pueblos no lo hagan reír.  

Un agregado siniestro a esa conferencia fue el salto a la escena de Zelenski amenazando con salirse del acuerdo denominado ‘Memorándum de Budapest de 1994’ que estableció la destrucción de los arsenales nucleares de Ucrania a cambio de garantizarse su seguridad. La entropía geopolítica en todo su furor.

La genuflexión ahora se la hacen los gobiernos de Europa al gobierno Biden y a la OTAN, sin ninguna repulsa, demostrando quién tiene la sartén por el mango y hasta dónde están dispuestos a ir estos deplorables aliados.

Las nuevas naciones

Desde la geopolítica se entiende que a Rusia no le quedó otra salida que reconocer a las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, para así intentar detener la potencial masacre que se había de nuevo emprendido por Kiev contra esta región: bombardeos con armas pesadas prohibidas en el Acuerdo de Minsk contra la población civil y la infraestructura eléctrica y de agua; sabotajes con explosivos en Lugansk, intercambio de fuego a todo lo largo de la frontera es la nueva cotidianidad de un pueblo, en su mayoría ruso, que habita una región que no debería estar jugando un papel similar al Sarajevo de la Primera Guerra Mundial, cuando en esa ciudad asesinaron al archiduque Francisco Fernando del imperio Austro-Húngaro, tras el cual Alemania se sintió autorizada para lanzarse a esa terrible hecatombe que iniciaría una de las formas más bárbaras de llevarse a efecto los intereses imperialistas en el mundo.

Ahora, sumidos en la vorágine de la guerra, Europa se apresura a sancionar, como nunca antes lo había hecho, a un Estado invasor, Rusia, que en solitario lanzó una campaña, por supuesto, con intereses geopolíticos estratégicos pero también con la excusa de detener las tropelías del fascismo ucraniano –que es cierto–, hermano menor del imperialismo norteamericano, y evitar quedar a cinco minutos de las bombas nucleares otanescas. Las cosas se pueden salir de madre y es así que el 27 de febrero Putin ordenó poner en alerta a los batallones encargados de la disuasión nuclear al escuchar las amenazas del primer ministro británico, Boris Johnsonk, de agregar la OTAN a las fuerzas ucranianas, para así, lenta y paulatinamente llegar a la penúltima etapa de la existencia en la Tierra.

Foto: cronista.com

Un comentario en “Algo muy grave va a suceder en Ucrania…y la OTAN lo logró

  1. Excelente descripción y análisis. La desgracia de la humanidad y del planeta es que los gobernantes de todos los países (incluido el nuestro), con pocas excepciones, representan precisamente lo peor de la humanidad.

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