Alimentación y mantenimiento de su motor corporal

Por Cristina Arias Galeano

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Muchos textos y libros se escriben con alguna intención, y la mía, al sentarme a redactar esto (lo cual es un gran esfuerzo), es sembrar una semilla en las personas que lo lean. El árbol que quiero que crezca en sus vidas es el del inicio de hábitos de vida saludables sostenidos en el tiempo, y el del ser más conscientes y solidarios con nuestro planeta Azul, La Tierra, como con el prójimo, pero, sobre todo, con nosotros mismos. Y ahora ustedes se preguntarán qué hago aquí, pensarán que llegó otra predicadora con algún cuento religioso: hasta a mí me causa gracia a veces leerme.

Quiero hablarles un poco de la alimentación, de qué tan importante es meternos en la cocina y descubrir ese laboratorio inmenso e infinito que tenemos todos como zona básica en nuestras casas y que muchos usan poco; este lugar se ha convertido para mí en uno de los escenarios favoritos de los últimos años. Lo sé, da como “jartera“ imaginar gran parte de nuestra vida metidos en la cocina cortando vegetales y lavando platos, pero, les puedo asegurar como trabajadora del área de la salud, que no existe cosa más aburrida, y, sobre todo, más triste, que ver personas todos los días afectadas crónicamente por enfermedades que son totalmente prevenibles desde la casa, porque nuestra medicina o nuestra enfermedad está en cada uno de los alimentos que nos llevamos a la boca; y, ojo, tengamos en cuenta que nadie nos obliga a comer todos los días toneladas de azúcar refinada, y panecitos también llenos de dulce, poca proteína y nada de vegetales.

Créanme, no hay nada más divertido y alentador que experimentar una receta nueva, hacer mezclas de colores, de sabores y que luego sea algo tan delicioso, no solo para su paladar, sino para la gente que pueda y quiera compartir ese plato de comida-alimento con ustedes. Eso de cortar kilos de vegetales llenos de colores es mucho más divertido que hacer amputaciones de extremidades de las personas por culpa de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes tipo 2, tan común ahora, incluso hasta en los niños, y que ya es para todos, algo normal. O qué tal les parece abrir un esternón con un cuchillo eléctrico por culpa de un infarto; estoy totalmente segura que para muchos es ahora muy normal que una mujer no tenga la capacidad de quedar en embarazo porque tiene un desbalance hormonal inimaginable, porque ahora las jóvenes no aprenden de su ciclo menstrual, sino que simplemente no quieren saber de él y se implantan dispositivos y consumen cuanta pastilla exista con una descarga hormonal sintética impensable, para convencerse que en toda la vida será normal no ver una gota de sangre.

Yo estaba antes en ese lado, pensando que esas enfermedades, y muchas otras, eran normales, pero desde hace un par de años me di cuenta que no es normal vivir en medio de una sociedad crónicamente enferma; quiero terminar de sacarme de la cabeza eso y unirme al grupo de los que quieren demostrar qué tan falso es que tenemos que rendirnos a la idea de morir por «algo hereditario e imposible de cambiar».

Yo no he querido quedarme con la duda, me he puesto a estudiar en casa, leer estudios e investigaciones, seguir consejeros que han logrado declarar y enfrentarse a la idea concebida en los últimos años de que esas enfermedades son normales; quiero insistirles a ustedes, por favor, que olviden eso para luego invitarlos a su cocina, a que empiecen a hacerse cargo de su salud, de su alimentación, que sean conscientes de que, así como está y que nos ha enfermado, es la misma que nos puede curar. Hagan parte del cambio, y no se queden con la idea del fin de semana, pensando que el lunes van a empezar. Inicien ya, les aseguro que cada vez se van a emocionar más, que cuando aprendan a escucharse y a sentirse tan vitales, no van a querer dejarlo; es más, van a querer hacer parte de los practicantes como yo, del sugerido cambio de paradigma.

Con este texto mi único objetivo es sembrarle una semillita al cambio, para que sin miedo se metan a su cocina y dejen que les pasen cosas, que se les queme un poquito la arepa; que se les olvide echarle sal al arroz, pero, sobre todo, los invito a que experimenten sabores con la cantidad de vegetales que nos ofrece la tierra, que olviden las recetas tradicionales y se inventen las suyas. Luego de un par de ensayos y unas cuantas semanas, harán todo más rápido y con mejores sabores.

Los invito a que lean sobre los alimentos que compran, que consulten cómo se debe leer una tabla nutricional y que siempre observen atentamente los ingredientes contenidos en éstos; que minimicen los procesados, los paquetes, los enlatados, las gaseosas, y que se llenen de vida con los alimentos frescos y naturales que cultivan amorosamente nuestros campesinos, es decir, alimentos no transgénicos ni bañados en plaguicidas.

Mi última invitación ahora es a que busquen una actividad deportiva que los anime a moverse un poquito todos los días. Miren, esto es algo tan importante como ponerse zapatos para salir a la calle; hagan de cuenta que ustedes son un vehículo nuevo, último modelo, que de seguro cuidarían con todas las indicaciones del fabricante, porque no quieren que ese juguete que tantos años de ahorro les costó se estropee rápido. Ustedes son el auto mejor fabricado en este mundo, por eso deben meterse en la cabeza que, si no lo ponen en movimiento se va a oxidar, que, si no le echan la gasolina adecuada, terminará dañándose el motor, y tendrán que ir pronto al mecánico a que se lo cambien. Pero si su motor corporal se estropea, un cambio no será tan fácil o eficiente, o quizás cuando se den cuenta ya no podrán hacerlo.

Les puedo asegurar que a sus células les importa poco que sea un fin de semana o no, pues su metabolismo simplemente funciona todos los días sin fechas y horarios, pero sí lo hace mejor en unos más que en otros. Si aprovechan ese tiempo extra que tienen el fin de semana para salir a trotar y luego se preparan un par de comidas caseras, se sentirán más felices y reconfortados que si hubiesen estado de fiesta todos los días hasta las 4 de la mañana con una cantidad de alcohol en el cuerpo absolutamente innecesaria.

Estoy en Instagram: @mujer.alimento

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