El juego de la alternancia y la apertura escolar

Por Carmen Huertas

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Entre el miedo al contagio, la incertidumbre y una serie de medidas coercitivas por parte del gobierno, retornamos a clases presenciales el pasado 8 de julio de 2021 los docentes y estudiantes del sector oficial; llegamos a lo de siempre, cargados de mugre y polvo y en medio de medidas de bioseguridad, aforos y múltiples recomendaciones que se convirtieron en la prioridad cotidiana de escuelas y colegios. Los lugares de siempre fueron motivo para que se decretara la “alternancia”, ya que históricamente no han sido suficientes para albergar grupos numerosos, esto es, entre 40 y más estudiantes por salón de clases. La alternancia significó partir cada grupo en dos, citando medio grupo un día y al otro día el otro medio.

Esto también significó repetir la metodología de las áreas dos veces y hacer mucho más lento el ritmo enseñanza-aprendizaje. El día a día de la vida escolar cambió drásticamente, pues los estudiantes debían evacuar las instituciones una vez terminaran los periodos de clase; se trabajó sin tienda y sin un plan eficiente de alimentación para todos los estudiantes. Sin baterías de baño adecuadas y suficientes. Los lavamanos portátiles dejaron de funcionar transcurridos unos meses después de la apertura y ni qué hablar del servicio de internet, que funciona de manera intermitente y con costos altísimos. Algunos estudiantes no regresaron a la educación presencial. Muchos de ellos aparecerían finalizando el año preguntando: “¿Profe cómo le recupero, ¿qué hay que hacer?”, como niños abandonados y a la deriva.

Muchos son los “vaivenes” de este sistema educativo desestructurado hace muchos años atrás, cuando le dejaron de inyectar los recursos económicos, el mismo que desde 2001 hasta la fecha maneja un déficit aproximado de 198 billones de pesos (informe reciente de FECODE). Lo que vimos en todo el periodo y en todas partes fue una infraestructura deficiente y sin personal fijo de servicios; escuelas y colegios que se caen a pedazos y con un número alto de maestros contratados temporalmente. Todo va sumando para que las instituciones educativas continúen en franco deterioro: buscan, con estas actitudes subliminales desmoralizar al educador y evitar cualquier resistencia al proceso de destrucción de la educación pública.

Las escuelas superaron a los sombrerazos la pandemia y la utilización nefasta del método híbrido presencial y virtual, pero no las políticas nefastas de un gobierno que le arrebata todo: presupuesto, autonomía escolar, libertad de cátedra y libertad de pensamiento, derechos de asociación y huelga, etc. Y como si fuera poco, procedió a montar la más criminal de las campañas por los medios de comunicación para acabar con la Federación Colombiana de Educadores (FECODE) y sus filiales en todo el país, argumentando que los docentes no estamos enseñando sino “adoctrinando”, así como a ofrecer los bienes públicos educativos a la voraz empresa privada con mecanismos como la concesión y otros.

Pero, a pesar de la enorme campaña de desprestigio y estigmatización a nuestra FECODE por parte del gobierno, de su partido y de los medios de comunicación “prepagos”, se han logrado avances en la negociación laboral, gracias a la fortaleza organizativa y lo que representa en nuestro país la presencia consciente y combativa de los educadores al servicio del Estado, y a la participación masiva en el llamado paro nacional que desde el 28 de abril del presente año se libró en todo el país y que se extendió hasta la segunda semana de junio de este año. El resultado fue una serie de acuerdos laborales que tienen fuerza de ley para todas las partes y que están respaldados en acuerdos internacionales y en la constitución del 91.

Al gobierno no le ha funcionado el presunto castigo de no pagar el tiempo de paro, porque lo hacemos con el compromiso de responderle a nuestros alumnos, recuperando las horas invertidas en los ceses de actividades. Y no le funcionó tampoco el retraso injustificado en el pago del retroactivo salarial 2021; nada le funcionará porque los maestros y maestras de Colombia seguiremos firmes con FECODE y las luchas que se avecinen.

En un país como Colombia con antecedentes de empleadores tan violentamente antisindicales, hay que resaltar también que un sindicato como ADIDA cumple 70 años teniendo como sede uno de los departamentos donde la violencia estatal y paraestatal se ha ensañado contra su población; esto debe ser motivo no solo de alegría y reflexión, sino además de un profundo compromiso, para que este ejemplo de resistencia de los educadores se mantenga y fortalezca en el tiempo, aun en las peores crisis, a sabiendas que en el marco de estas hemos tenido que sepultar cientos de afiliados y afiliadas, tanto por el genocidio como por la pandemia.

Desde este escrito hacemos un llamado a conformar en cada colegio y escuela los comités por la defensa de la educación pública y popular y organizarnos como un solo “podemos” y una sola lucha contra el paquetazo del régimen y el Estado privatizador; así como a contribuir al desarrollo de un currículo de resistencia que revindique la “educación laica”, sin confesionalismos religiosos, independiente de las iglesias, universal, científica y gratuita desde el grado cero hasta la universidad. Sin el negocio de la intervención financiera, sin el nefasto programa de cobertura educativa y colegios en concesión, y con dignas condiciones materiales para la práctica escolar.

Recuperar las escuelas como centros culturales de liderazgo individual y colectivo para construir una nación soberana y libre para todos debe ser uno de los horizontes a alcanzar con nuestras luchas.

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