Después de la pandemia

Por Julio Rubio

A woman holds out her hand to receive anti-bacterial gel from a health worker in downtown Mexico City, Friday, July 24, 2020, amid the new coronavirus pandemic. (AP Photo/Marco Ugarte)

Las incertidumbres sobre las consecuencias del Covid-19 en la sociedad no han desaparecido aún, variados y diversos análisis se han elaborado y, en no pocas ocasiones, resultan contradictorios entre sí. El debate puesto entre salud o economía es la mejor síntesis de la situación. Pero lo evidente ha sido que la reducción del aseguramiento social y la mercantilización de derechos y servicios de bienestar social dejaron al descubierto la enorme vulnerabilidad de los sistemas de salud y la precariedad de las respuestas institucionales ante la pandemia. Al punto que aún nos debatimos entre la reactivación económica y la supervivencia, entre la libre circulación y el confinamiento; en fin, entre dos principios axiales del proyecto moderno: libertad y/o seguridad.

Pero las incertidumbres deben ser reconocidas y se hace necesario administrar y controlar los riesgos que traen consigo. Un camino para ello es construir y agenciar un discurso, una narrativa y unos imaginarios sociales que hagan creíble esta posibilidad. Así, la puesta en circulación de ideas como “nueva normalidad”, “reinvención” o “resiliencia” subjetiva y social, se inscriben dentro de esta perspectiva. El uso del discurso positivo para enfrentar la crisis emerge como un auto-regulador y como parámetro de la vida cotidiana. Es cierto que, ante la pandemia, la opción no es perpetuarla con el derrotismo y el pánico generalizado, enfrentarla implica imaginar formas de supervivencia, pero sin negar o pretender ocultar sus tragedias y desgarros. La narrativa positiva y de la reinvención no puede eclipsar las consecuencias, aún después de que hayan pasado.

Por lo anterior, resulta interesante y preocupante el nuevo documental producido por History Channel, que lleva por titulo Después de la pandemia (2020). Interesante porque hace uso de un lenguaje cercano al sentido común, por el juego de imágenes en zapping que van del presente al pasado y viceversa, y porque intenta abordar el tema con información asequible al público en general. Pero preocupante por el eje narrativo y argumentativo que propone, que en síntesis es el siguiente: toda pandemia ha permitido el desarrollo tecnológico de la sociedad, y, se colige de ello, un mejor modo de vida. Este argumento sirve como eje del documental que, haciendo uso de datos históricos, ejemplos, imágenes y una voz en off elocuente y buscando convencer, se despliega en recorridos y ejemplificaciones históricas donde, después de las pandemias, hemos tenido mejores desarrollos tecnológicos y “mejores sociedades”.

En este sentido, las ponderaciones sobre las pérdidas humanas semejan un “daño colateral”, en palabras de Zygmunt Bauman. El precio que hemos pagado tras la peste española, el Ébola, el VIH o el SARS, se ve recompensado con los avances farmacéuticos y las experimentaciones científicas que, al final, tendrán nuevas vacunas, nuevos precios y nuevas postulaciones a premios de gran prestigio. Aquí el discurso positivo funge como paliativo moral y subjetivo de la tragedia; además del gracias a los científicos, la industria médica y los gobiernos proactivos que inviertan o compren las dosis, serán ejemplo de buena gestión. La imagen literaria de “una luz al final del túnel”, como promotora del esfuerzo y la esperanza, dará la razón a la inclaudicable lucha de los sobrevivientes, de aquellos que con sus rostros envueltos en tapabocas y llevados en sillas de ruedas, darán testimonio de valentía, sacrificio y, por qué no, uno que otro milagro y nota periodística. Los contagiados y ahora recuperados, y vueltos evidencia, serán testimonio.

Sin lugar a dudas, la velocidad con la cual se han desarrollado las diferentes vacunas es digno de admirar, es una muestra de los avances tecnológicos y biomédicos que algunas empresas y unos pocos gobiernos del mundo tienen en su haber. Estas vacunas serán un nuevo aporte tecnológico, según se controlen todas las cepas del virus, y confirmarán la tesis del documental. Pero, a contrapelo de esta historia que desdramatiza las consecuencias de las pandemias por la vía tecnológica, ¿qué otras realidades subyacen o se ocultan? Un asunto que el documental soslaya son los efectos del desarrollo tecnológico en el mundo del trabajo que, como lo han relatado diferentes investigaciones, no supone necesariamente mejores condiciones de vida para quienes la tecnología reemplaza o desplaza. El recambio tecnológico reduce plantillas laborales, aminora costos de producción y flexibiliza normas y tiempos de trabajo, pero ello no es directamente proporcional al bienestar de quienes salen del salariado. No necesariamente, entonces, este tipo de desarrollo trae mejoras socio-laborales.

El otro aspecto que, particularmente, el Covid-19 ha producido es un viejo sueño de los teóricos de la flexibilidad laboral: el trabajo en casa. Como en ningún otro momento la política de descentrar el lugar de trabajo ha sido tan efectivo y, al tiempo, la delegación de responsabilidades que le competían a las empresas hacia el trabajador, como el uso de equipos, el gasto de energía e internet, y, de manera importante, la extensión de los horarios laborales. La lógica asincrónica de las redes sociales en función del trabajo terminó colonizando la vida cotidiana de los sujetos y sus familias. Un efecto del desarrollo tecnológico es expandir la flexibilidad en el mundo del trabajo, no abordado en el documental, que ha sido una constante y ha puesto en situaciones precarias y de incertidumbre a un importante número de personas y familias.

Ailing Zubizarreta, Vicepresidenta de Desarrollo de Contenido de Cisneros Media, manifiesta que “en tiempos de incertidumbre la única certeza que tenemos son los aprendizajes del pasado. La humanidad siempre ha superado las calamidades y salido victoriosa o más sabia. Después de la Pandemia nos da un recorrido por el pasado mientras nos brinda un aire de esperanza para el futuro”. Sin embargo, es importante matizar el mensaje de esperanza. Es cierto que en la historia de la humanidad la invención y puesta en marcha de tecnologías han tenido impactos importantes en sectores y actividades de la sociedad que son innegables, pero esa historia ha tenido una contracara que pone en duda la imagen positiva que el documental promueve del pasado y el futuro. La contracara de quienes el desarrollo, de todo tipo, sacrifica, niega o invisibiliza.

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