¿Cuánto cuesta la salud?

Por Raúl Martínez

Acuarela: Victor Camilo Cuartas

Eran las 8 a.m. Juan hizo fila durante 2 horas en la Alcaldía para sacar un certificado que no le dieron, perdió la madrugada y el tiempo. Llegó a Coomsocial Estadio, la sede de la EPS que le atiende en salud a él y su madre. La fila era tan larga que salía de la EPS y la gente se ubicaba sobre las aceras hasta la esquina. Además, era evidente que se movía muy lentamente.

Las filas son muy incómodas, pero además en ellas se encuentra de todo. Un momento después de llegar comenzó una discusión de las dos personas que había detrás en la fila; el hijo le reclamaba a la madre haberlo traído a hacer fila. Su madre intentaba decirle que no era su culpa, pero que, además, luego de la fila tenía que pasar a la cita médica a las 11 a.m. A otras señoras, muy adultas, las asesoras de la EPS que revisaban los papeles las mandaban a hacer sus gestiones por internet, les decían que no tenían que hacer la fila, y ellas ignorantes de estos temas se iban con su desconsuelo al hombro.

Dos horas después estaba casi en la puerta, donde apenas le iban a entregar el ficho para ser atendido. Entonces el vigilante anunció que el sistema se había caído, con lo que intentaba justificar la lentitud de la atención. El hecho es que después de estar ahí detrás de dos personas, se demoró media hora más para recibir el ficho.

Casi a las tres horas de fila y espera, finalmente lo atendieron. Debían autorizar unos exámenes que le mandaron a su madre; esa gestión se puede hacer por el sitio web de la EPS o por Whatsapp, pero en ninguna de las dos fue posible, por lo que le dijeron que tenía que ir personalmente a hacer el trámite. Luego de 3 horas de hacer fila le dieron las autorizaciones para su madre. Aprovechó y preguntó por una cita con el dermatólogo que estaba pendiente desde junio del año pasado, también para su madre, pero le respondieron que aún no la habían asignado, que debía seguir esperando. La cita con el dermatólogo es porque su madre tiene antecedentes de cáncer de piel y le salió una masa “rara” en el rostro; debían hacerle una biopsia, pero la debe ordenar el dermatólogo, si es que lograba que le dieran la cita.

Juan fue directamente a su casa a pedir las citas telefónicamente, lo que se lleva un día entero. Estos nuevos exámenes son urgentes, pues su madre, hace unos días, estuvo en cuidados especiales por problemas del corazón; era positiva para infarto, le dijeron después de algunos exámenes. Así que la mandaron para la casa, le recomendaron nuevos exámenes y acudir a una cita de control en un mes. La situación se puso más compleja, pues la cita se la dieron para junio, ¿dentro de 4 meses? Si, pero el cardiólogo le dijo que volviera en un mes a revisión y llevara los resultados. La recepcionista, sin embargo, insiste en que no hay citas antes de junio y tiene que esperar.

En enero, la madre tuvo una cita médica, que tuvo que realizarse por teléfono a causa de las restricciones por el COVID. Ella tenía varias dolencias, pero al otro lado del auricular le dijeron que solo podían atenderla por dos quejas, dolores o enfermedades a la vez, porque la atención estaba medida en tiempo, que escogiera.

En el Plan Obligatorio de Salud (POS), las citas pueden esperar meses o más de un año. Y ante la desazón surge la pregunta: ¿cuánto cuesta tener un buen servicio de salud? o como lo decimos coloquialmente, ¿cuánto cuesta la salud? Porque las citas se consiguen rápido cuando se tiene Plan Complementario, póliza de salud o salud prepagada, para la misma semana, incluso con especialistas.

La madre de Juan paga cumplidamente cada mes su EPS y espera que la atiendan de una buena forma, rápida y de calidad. Esto dista mucho de cumplirse. SURA, la misma empresa de la EPS tiene un plan complementario, pero hasta el año pasado solo tenían acceso los menores de 59 años de edad, ahora tienen un plan especial para mayores de 60. Juan intentó afiliarla a ese Plan complementario, pero no la recibieron porque tiene unos exámenes pendientes. Y los tiene pendientes porque la EPS, también de SURA, no se los ha habilitado, así que por su propia lentitud en el POS no la reciben en el otro plan. Y, finalmente, en la póliza no la reciben por la edad y sus enfermedades, para ser afiliado debe ser joven y sana.

Comencemos entonces con las cuentas: la madre paga la EPS mensual, pero no tiene una buena atención, por lo menos no es rápida ni diligente. El Plan complementario para ella tendría un costo de 315.000 pesos, pero no la reciben y la póliza por su edad y enfermedades, si la recibieran, sería impagable, alrededor del millón de pesos mensual, más el pago de la EPS de la cual no se puede retirar.

Juan es un típico trabajador por prestación de servicios, es decir, contratista; paga EPS mensual por una empresa para no perder la salud, pero en los meses que tiene algún contrato debe pagar por la totalidad de los contratos, es obligación actual sumar la totalidad de los ingresos del mes y pagar seguridad social sobre ese valor. Como la vida de los contratistas es así, se puede pasar varios meses sin algún contrato, pero en un solo mes se pueden juntar dos, tres o hasta cuatro contratos, lo que suma algo considerable para la cotización del pago, si se tiene en cuenta que debe pagar por cada contrato. Si en un mes se alcanzara a sumar ingresos por ocho millones de pesos, el pago de la seguridad social estaría alrededor del millón de pesos, más lo que paga mensual por la empresa para no perder la atención durante los meses que no tiene contratos. Y en este caso debe sumar una póliza familiar para él, su esposa e hija, que tiene un valor aproximado de un millón doscientos mil pesos, así que en un mes podría llegar a pagar dos millones y medio de pesos para poder acceder a una atención rápida en salud, con acceso fácil a los especialistas. A todo esto habría que sumarle el valor de los copagos, que para especialistas es de 37.000 pesos, y los medicamentos se pagan por separado.

Es un negocio vil y desalmado, es la trampa de convertir la salud en un negocio. Muy lucrativo para las empresas prestadoras del servicio, que lo hacen mal en el plan obligatorio para que la gente tenga que afiliarse a uno de los planes más costosos y deba endeudarse o apretarse para poder cumplir con los costos mensuales de la afiliación. La salud es un negocio más en este país, al alcance de los que tienen dinero para acceder a planes privados o en los que muchos se endeudan y enferman para poder sostener ese nivel de gasto que le genera el pago. Es una salud que enferma.

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