Punk y memoria histórica en Medellín

Por Víctor Andrés Muñoz Marín

Imagen tomada de punk-medallo.blogspot.com/

Contexto histórico de Medellín

Según El Centro de Memoria Histórica de Colombia, desde 1980 hasta el 2008, se presentaron 6800 asesinatos en la ciudad de Medellín, compilando los mayores indicadores de violencia armada urbana. Violencia dada con el encuentro de distintos actores armados: milicias, narcotráfico, sicariato, paramilitarismo y bandas criminales, que ejercieron un control hegemónico sobre la población civil. Desde 2002 en adelante, la Personería Municipal de Medellín, habla de la persecución intensiva a las juventudes y líderes sociales; pero, además, habla de la vinculación de jóvenes a bandas criminales y grupos paramilitares, estableciendo que por cada 100.000 jóvenes 150 son reclutados por los grupos armados al año.

Para el año 2010, el informe de Derechos Humanos de la Personería Municipal de Medellín, expresa que las comunas que sufren el peso de la violencia, son aquellas que presentan mayores índices de pobreza. Y según la Encuesta de Calidad de Vida (ECV) de 2010, en Medellín, el estancamiento y deterioro de los niveles de pobreza y exclusión social, presentó un indicativo de 79,59%.

Por otra parte, el director de Ruta N, nombra a Medellín como distrito tecnológico para el 2015, tal como lo informó el periódico El Colombiano del 07/11/2015. Dimensionada como una ciudad tecnológica e innovadora, con mega proyectos se busca modernizar la ciudad, expandiendo el sistema de transporte moderno y acelerando procesos de urbanización; para el llamado desarrollo y progreso, como estrategia para confrontar la violencia y erradicar la pobreza, desplazó y fragmentó comunidades que exigían acceder a vivienda y empleo para mejorar sus condiciones de vida.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), asegura que, en Medellín y el Área Metropolitana, 54.037 personas quedaron en situación de pobreza en 2019. Y los órganos municipales y el Estado, a la hora de atender las necesidades básicas insatisfechas de las comunidades, han sido una falacia, porque la condición de vida de los habitantes de las periferias se ha agravado debido a la dinámica pandémica del Covid-19, evidenciada en estas simbólicamente con trapos rojos el hambre y la miseria a la que son sometidas por la inoperancia del Estado.

Narraciones Punkeras

En este contexto histórico, los Punkeros, como sujetos políticos, se han reunido y convocan desde lo público, participando políticamente en canchas, parques, esquinas y casas culturales, utilizando una amalgama de arte (música, teatro, performance, creación de fanzines, circo), en rechazo y oposición contra la militarización de los territorios, la violencia y las ideas de desarrollo y progreso.

Oposición que rompe contraculturalmente la narración hegemónica de la historia de Medellín, utilizando la música y el arte emancipador, para sincronizar con el territorio, mediante la memoria musical, para trenzar la ciudad desde lo contracultural, recreando una alternativa de Memoria Histórica.

Memoria Histórica que desde el Punk cristaliza la dinámica económica, política, social y cultural del país, mostrando la construcción moderna de la ciudad y la dinámica de violencia y pobreza de las comunas. Memoria histórica que denuncia consecuentemente, la explotación, guerra, hambre, dominio, crisis ambiental, represión, terror y asesinatos. Tal como lo vislumbra los siguientes fragmentos musicales:

Canción: Miedo, banda musical: P-ne, 1983

Gente pobre, gente rica / Niños hambrientos, niños enfermos / Nueva arma, nuevo asesino /Políticos falsos, unos mentirosos, explotadores y mucho más / Esto es una ruina siempre lo ha sido, siempre lo será /

Este fragmento desnaturaliza la violencia de mediados de los 80 e inicios de los 90, y la crisis económica. En Medellín se daba el encuentro de diferentes agentes de guerra, en paralelo cerraban 41 empresas textiles y metalúrgicas, dejando miles de desempleados de las periferias de la ciudad. Mientras la modernización llega con la financiación del Banco Mundial (BM), el Punk da sus primeros pasos en las esquinas de los barrios, mimetizando el asfalto de las calles, con un ritmo, estética y estilo de vida, diferente a lo tradicional y conservador.

De esta misma manera, una de las primeras bandas de Punk, conformada por mujeres, lanzaría el siguiente grito:

Canción: Pintada de blanco, Banda musical: Fértil Miseria, 1990

Primero manchada de rojo / con la luna guerra y enojos / la muerte contra las esquinas / masacres y almas perdidas/ tanta muerte tanta violencia / el mármol blanco nos crea demencia / no más sangre / más inocencia

Esta banda de Punk, nos muestra la década del 90, permeada por el cartel del narcotráfico de Medellín. Declarando la guerra al Estado, las escuelas de sicarios en las periferias se ponen de moda, igual las bombas en todo el país. Además, una guerra política que intentaría extinguir a la UP (Unión Patriótica) y a pensadores de izquierda. En esta misma temporalidad, los Punkeros estrenan el bar el Sótano, que se ubicó en Castilla, y con tomas culturales en las calles invitaban a la población a resistir, desde el arte emancipador, a la guerra y a oponerse a las formas económicas y políticas que atentan contra la vida digna.

Resistencia a la guerra y el sometimiento político, tal como lo narra la agrupación: O.D.I.O (Oposición Dirigida a la Injusta Opresión), año 2012

Vivimos sometidos y sometidas a la cadena esclavista de esta injusta realidad manipulada por las mentes de quienes distribuyen el dinero y las nuevas tecnologías, controlada por quienes fabrican y poseen las armas y por quienes concentran las tierras, condenada por quienes siguen enseñando a repetir la interminable historia de muerte y vergüenza escrita por los vencedores para implantar la desigualdad/ la realidad de nosotros las y los jóvenes que habitamos y residimos en los barrios y comunas de Medellín es terror, intimidación y asesinatos; en barrios como : Manrique, Aranjuez, Castilla, San Javier, el doce de octubre, París, Santo domingo y el Popular 1 y 2 se imponen toques de queda y opresión por parte de la policía y grupos paramilitares..

Este discurso desde el Punk evidencia la década de los 2000, caracterizada por la expansión paramilitar, falsos positivos, y la economía minero energética que desplazaría pueblos enteros, junto con los Tratados de Libre Comercio, imposibilitando una vida digna. En Medellín los letreros de grupos y retenes paramilitares aparecen amenazando, que a pesar del supuesto acuerdo de paz entre los paramilitares de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), y el gobierno de Uribe, la crisis de derechos humanos se agudizó.

Ahora bien, el Punk es una forma de narrar y romper la hegemonía histórica del país, la ciudad y las esquinas de los barrios. Habitar el Punk es buscar prácticas alternas, que vayan en contra de las formas de desarrollo y progreso capitalistas. Habitar el Punk es hacer memoria del devenir del país, narrando consecuentemente la dinámica sociopolítica y socioeconómica que determina el esquema cultural. Pertenecer al Punk como contracultura y hacer música es forjar un marco interpretativo de nuestras realidades, para generar acciones políticas desde el arte, procurando por procesos que permitan una transformación de nuestros entornos.

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