La otra cara del “desarrollo y progreso” en el Oriente Antioqueño

La historia en la que las comunidades sufren las consecuencias de los proyectos económicos, políticos e ideológicos de desarrollo y progreso no ha cambiado. Por el contrario, a través de máscaras de discurso bonitos y beneficios se perpetúa más y se forja un progreso y desarrollo que atenta contra la vida y la biodiversidad de los territorios, negando posibilidades de acceder a una vida digna

Por Jhon Mario Marín Dávila y Víctor Andrés Muñoz Marín

Foto: Jhon Mario Marín Davila

Las comunidades del Oriente Antiqueño están inmersas en la incertidumbre y la desconfianza, generadas por el discurso del progreso y el desarrollo, que en la práctica, buscan ejecutar proyectos hidroeléctricos y minero-energéticos. Esto ha revivido en su memoria experiencias como la construcción de la central hidroeléctrica de Guatapé, la autopista Medellín – Bogotá y el Aeropuerto internacional José María Córdoba, los cuales transformaron los modos de vida de los pobladores del Oriente Antioqueño. Antonio Betancur cuenta que a su vereda “llegan unos extraños que quieren acabar con la paz, una empresa con un título minero para acabar con las aguas… Nosotros lo que necesitamos es agua, nosotros no necesitamos que nos den premio ni nos den nada, que nos dejen quietecitos por favor, no es más”.

Estos proyectos acabarían con los territorios y su ecosistema, afectando cuencas hídricas, desplazando personas, la fauna y la flora, y fragmentando costumbres de las comunidades, que basan su dimensión económica en las flores y la agricultura. Leidy Yuliana Castaño afirma: “Si estas montañas las llegaran a derribar las afectaciones serían inmensas, se van a secar todas nuestras fuentes de agua, a la mayoría de personas nos tocaría desplazarnos nuevamente”. En la misma dirección, Bernarda Gallego manifiesta: “Me tiene muy preocupada este conflicto, que nos va a dejar, mejor dicho, muertos, porque si nos quitan el agua, si hacen esos proyectos todo se acaba, es como el fin del mundo ya. Uno que hace sin agua por dios, nada”. Y continúa exclamando, “los niños que apenas vienen naciendo qué pesar, ya nosotros listo, pero la generación que viene creciendo qué pesar”.

La incertidumbre se incrementó desde 2018, cuando CORNARE (Corporación Autónoma Regional Rionegro – Nare), otorgó licencia a más de 18 proyectos, entre ellos 11 de exploración minera. Por ejemplo, a la empresa Alfa y Omega Ingenieros S.A.S, que pretende explorar oro a cielo abierto alrededor de una hectárea y media, entre la vereda La Chapa y La Florida del Carmen de Viboral. Así mismo, la vereda Rancho de Lata, La Florida, La Madera ya se han visto afectados por estos tipos de proyectos, al igual que los municipios del Santuario, Marinilla, El Peñol, Cocorná, La Unión, La Ceja y Granada. Además, en el Oriente Antioqueño se presentan amenazas a las lideresas y líderes por vía telefónica y un elevado incremento de asesinatos y feminicidios durante el 2020; van 120 asesinatos, entre ellos 3 líderes sociales.

Foto: Victor Andrés Muñoz Marín

Flor Gallego, habitante del Carmen de Viboral e integrante de MOVETE (Movimiento Social para la Vida y la Defensa del Territorio), cuenta que “en el Carmen de Viboral se registran 24 asesinato; aquí nos están matando las balas y no el Covid”. Y continúa: “En el Carmen de Viboral quieren realizar un proyecto minero, que va a perjudicar a más de 30.000 habitantes de la zona urbana, porque de la montaña de donde quieren hacer ese proyecto viene el acueducto para el casco urbano. Ese proyecto minero también afecta a más de 4.000 personas de la vereda La Chapa y más personas de la vereda La Madera, La Florida y otras veredas; o sea, estamos afectados más de 50.000 personas. Por eso hoy estamos acá por la vida y por el territorio, por el agua, por las comunidades y por cada una de nosotras, por eso hoy nos estamos moviendo y nos estamos manifestando y también por aquellos líderes sociales asesinados”.

En este sentido, en el marco del día internacional de los derechos humanos, se realizó el 11 de diciembre el manifiesto del Oriente Antioqueño al Carmen de Viboral en apoyo y solidaridad, puesto que es uno de los municipios más afectados. El manifiesto invita a sentir, fortalecer, unirse e hilvanar todo el movimiento del Oriente Antioqueño. El espacio congregó distintas colectividades culturales y artísticas del Carmen de Viboral, Santuario y municipios aledaños, igual al Movimiento de Mujeres Tejedoras, para unificar la memoria y alzar las banderas de vida, en defensa del territorio y la autonomía comunitaria.

Ante la crisis de derechos humanos, los habitantes de los 23 municipios del Oriente Antioqueño elevan su voz pretendiendo construir una paz donde quepan todas y todos. Una paz negociada, no una paz armada, donde la protesta social no sea estigmatizada y cese la persecución y asesinatos por pensar, vestir y sentir diferente. No una paz donde los paramilitares, bandas criminales y guerrillas controlen y dominen cada espacio territorial. Este manifiesto dice no a la guerra, exigiendo al gobierno que cese los ataques a los acuerdos de paz y proteja a las lideresas y líderes de todo el país, y que cesen los feminicidios. También es un manifiesto en oposición y rechazo a la normatividad del gobierno, que con el discurso y la práctica del progreso y el desarrollo atenta contra la vida, destruye ecosistemas y desplaza comunidades enteras, negando la autonomía y la participación en sus territorios.

Foto: Victor Andrés Muñoz Marin

De este modo, el Oriente Antioqueño hace un llamado, como lo dice Flor Gallego: “El mensaje que yo le mando a estas personas extractivas que destruyen el territorio es que no entren donde las comunidades no quieren la explotación del territorio. También que no pasen por encima de los procesos organizativos, de los movimientos sociales y de algunas administraciones municipales que no quieren esos proyectos. Les exigimos que no lleguen a nuestros territorios; hay muchas maneras de conseguir dinero, hay muchas maneras de trabajar, pero no explotando lo único que tenemos en esta casa común”. Y Leidy Yuliana Castaño complementa: “El llamado a ellos es que no sigan tomando estas decisiones desde una oficina, que si van a llegar a tomar una decisión de esas, se metan a andar el monte y a hablar con la comunidad, que nos tomen en cuenta. Pero ellos toman la decisión desde su escritorio sin mirar cómo van a ser las afectaciones; solo les importa el bolsillo y ya es hora de que al gobierno y a todas las entidades interesadas les importe más el valor de la comunidad”.

Con la voz en alto resisten y luchan diferentes colectividades de todos los municipios del Oriente Antioqueño, que con diversas acciones colectivas, desde el arte y la cultura, aportan esperanza para que esto puede ser distinto. Tejen el buen vivir para quienes viven en la actualidad y las nuevas generaciones, con el propósito de un presente y futuro con vida digna. Además, honran la memoria de quienes fueron víctimas de la mala muerte y por eso dicen a viva voz: sí a la vida, no a la minería, sí a la vida, no a las hidroeléctricas, sí a la vida y no a los asesinatos.

Foto: Jhon Mario Marín Davila

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