Sahara Occidental: la guerra olvidada de un pueblo olvidado

Por Álvaro Lopera

Foto: DW/Hugo Flotat-Talón

Son muy pocos, menos de un millón; un desierto es su entorno, no hay verde en los alrededores, salvo esparcidas flores, hierbas y arbustos que los originarios usaban como plantas medicinales. Son africanos muy pobres. Es un pueblo, el saharaui, que sufre la indolencia de las naciones de todo el planeta –de la ONU en particular- y que muere de enfermedades de todo tipo, producto de las condiciones terribles de vida en el desierto de las tormentas de arena; parte de él, refugiado en territorio argelino, en condiciones muy precarias, y el resto, en territorio bajo ocupación marroquí, sometido a un gran control y a una gran represión. El agua es escasa, la comida llega a cuenta gotas tras las campañas de solidaridad que se hacen en Europa, y el techo es algo muy precario. Y habitar ese desierto sin acceso a su rico mar hace que la vida sea doblemente cruel.

La colonización

España se apropió del territorio de los nómadas saharauis desde que las potencias imperialistas se repartieron África en la conferencia de Berlín de 1884. Como España era la potencia más decadente de todas, le dejaron la colita del noroeste de ese continente, el Sahara Occidental –frente a las islas Canarias- y parte del actual Marruecos, y asumió como potencia colonial-imperial en un territorio no solo rico en arena, sino también en pesca, fosfatos, petróleo, gas, minerales y grandes acuíferos subterráneos.

El reino de Marruecos, siendo una colonia de Francia y de España, empezó a tejer parsimoniosamente historias ridículas sobre el Sahara Occidental: hablaba de unos derechos históricos de ese territorio y de muchos cálculos geopolíticos salidos de la realidad. El apogeo de la lucha anticolonial, posterior a la segunda guerra mundial, coadyuvó a que Marruecos se liberara del yugo francés y español a mediados de la década de los años 50 del siglo pasado. El entonces rey, Hassan II, ya había puesto sus ojos sobre el territorio saharaui y empezó a hacer exigencias de entrega de ese territorio, las cuales apoyaría Estados Unidos con la mira de cortar la potencial influencia soviética sobre ese territorio estratégico.

El abandono

La república española no descolonizó el África, pues el alzamiento y derrota que los fascistas le infligieron en 1939, se lo impidieron. El fascista Francisco Franco, desde entonces, inició su régimen de terror, el cual terminó en 1975 con su muerte.

Franco no tuvo un proyecto estratégico de descolonización y entrega pacífica del territorio a su legítimo dueño, el pueblo saharaui, sino que, por el contrario, conspiró para trasladar la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania, países limítrofes, que a finales de 1975 movilizaron a su ejército y población para tomarse dicho territorio en lo que dio por llamarse la marcha verde.

Desde antes de que Franco muriera ya se había conformado la resistencia armada contra España que se negaba tercamente a cumplir el mandato general de la ONU emitido a principios de la década de los años 60, que ordenaba descolonizar el África. La incertidumbre y la opresión coloniales parieron al Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro) –partido y ejército- en 1973, que actualmente dirige el presidente de la República Árabe Democrática del Sahara (RASD), el señor Brahim Gali.

La guerra y los acuerdos

La ONU había ordenado en diciembre de 1966 un referendo de autodeterminación para que el pueblo saharaui votara sobre su independencia de la potencia colonial, pero Franco se burló de ello y tanto fue así que cuando agonizaba, en noviembre de 1975, Marruecos y Mauritania firmaban con Juan Carlos I, el monarca heredero español, lo que dio en llamarse el acuerdo tripartito. Allí se estipulaba que el Sahara pasaría a ser administrado por esos dos países a cambio de que Estados Unidos apoyara al borbón en el reino de España, impidiendo, de esta manera, el democrático referendo para fundar la nueva república.

El Frente Polisario no tuvo más remedio que lanzar la guerra contra los nuevos invasores que fue terminada en 1991 con un acuerdo para organizar, ahora sí, el negado referendo. La ONU se encargaría de todo ello instituyendo un brazo administrativo, la MINURSO, que se encargaría de los trámites para convocar al referendo. Y también se acordó -después de que Marruecos había construido un muro de 2.700 kilómetros con más de 6 millones de minas a su alrededor- que habría una zona tampón de amortiguación, el Guerguerat, al sur del Sahara, que es una franja de tierra minúscula que pertenece de hecho a la RASD, y Marruecos se comprometía a no invadirla ni usarla comercial ni militarmente.

Promesas borradas y traiciones

España, que sigue siendo la potencia colonial, no ha hecho nada para revertir la situación planteada desde 1975. Marruecos, que es administradora delegada por España desde 1975 y no reconocida por ningún país del mundo como potencia colonizadora, se niega a impulsar el referendo de devolución del territorio, porque lo perdería y ya no podría explotar las riquezas naturales del Sahara Occidental; la ONU se niega a acelerar el acto político de la consulta, que llevaría a la conformación de un nuevo país, y España –la verdadera potencia colonial- da la espalda para no molestar a su socio antiinmigración marroquí.

Europa tampoco hace lo suficiente para arrebatarle a Marruecos su dominio sobre el Sahara e impedir la opresión dictatorial que ejerce el actual rey Mohamed VI sobre el pueblo que habita el territorio ocupado, pues tiene grandes negocios en la región.

La gota que rebosó el vaso

El 13 de noviembre militares marroquíes dispararon contra manifestantes saharauis que protestaban y habían bloqueado pacíficamente la estrecha franja del Guerguerat. Y es que Marruecos ilegalmente la estaba utilizando para transportar mercancías y hasta narcóticos a Mauritania, algo que no estaba establecido en los acuerdos de los años 90 y en los últimos del año 2017. El Frente Polisario, ante el rompimiento del Alto el Fuego, declaró la guerra contra el reino de Marruecos el pasado 14 de noviembre a todo lo largo del muro de la vergüenza.

Dos semanas después, la ONU y su Consejo de Seguridad no se manifiestan. Francia hipócritamente llama a la “calma” y España se muestra “preocupada” pero no hace nada por impulsar la autodeterminación de este pueblo.

Siguen pues siendo oprimidos, esclavizados y desconocidos los derechos de los arrinconados saharauis por parte de ese Primer Mundo que no encuentra la manera de salir de la pandemia y de la crisis general de su economía capitalista.

Si vemos noticieros caemos en la cuenta que nadie de Occidente se está ocupando de esta última y olvidada guerra.

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