Colectivo Sumak Kawsay: semillas que florecen en el concreto

Mientras no puedan extinguir la memoria ancestral de Abya Yala y el caminar del Sumak Kawsay, seguirá la siembra con semillas de resistencia, dignidad, colectividad, memoria, sentipensamiento, armonía, diversidad, y seguirá floreciendo el Ayllu, el equilibrio natural de la vida y la memoria de los pueblos originarios

Por Jhon Mario Marín Dávila

Foto: Cortesía Colectivo Sumak Kawsay

Con la creación de la huerta SumakKawsay en la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, empiezan a hilvanarse procesos organizativos y un tejido que va cualificando y profundizando la idea de tener un Colectivo que tuviera varias aristas de trabajo. En abril del 2016 surge el Colectivo Sumak Kawsay a través de la articulación de diferentes estudiantes de la Universidad Autónoma Latinoamericana, estudiantes de la Universidad de Antioquia, artistas, docentes y sectores del movimiento social, generando un espacio y una red de trabajo con el propósito de transformar algunas problemáticas del territorio que habitan.

Esteban Garcés, integrante del Colectivo, afirma que el Sumak Kawsay “es un vocablo de la lengua quechua, Sumak es lo ideal, lo bueno, la realización, causa, causal y es la vida. Sumak Kawsay es el buen vivir, la vida buena, la vida en plenitud, una forma de vida en equilibro y en armonía con la Madre Tierra, con la naturaleza y con todos los seres que la habitan, incluyendo animales, humanos, minerales, plantas y todas las formas de existencia que puedan habitar en este mundo, incluso las formas microscópicas. Sumak Kawsay es una cosmovisión que se hereda de los pueblos ancestrales de América Latina, es una cosmogonía de la vida misma, de la existencia misma”.

En consecuencia, el territorio es muy importante para el Colectivo. Según Esteban Garcés, “a diferencia de la noción feudal y capitalista de la tierra, que hace referencia simplemente a un espacio geográfico para su explotación o para su permanencia, para nosotros el territorio es precisamente la suma de un espacio geográfico más una cultura que habita, entonces en ese diálogo entre espacio geográfico, cultura, memoria, acción, pensamiento, se construye una relación. En el territorio habita la memoria, las identidades, las prácticas, todo lo que compone el seno también de una cultura y de un pueblo; hay una relación entre la forma de vida de una comunidad y el espacio geográfico que habita, hay una conversación permanente”.

El accionar del Colectivo Sumak Kawsay busca fomentar, impulsar, generar y tejer el buen vivir en el Valle de Aburrá y en muchos otros territorios donde puedan aportar; algunas de sus acciones son: la investigación social académica y los procesos educativos como algunas experiencias académicas desde la sistematización, recuperación de saberes ancestrales, el policultivo o la agricultura orgánica urbana y rural, el arte y la música como herramienta de transformación. Han impulsado procesos educativos como: el Círculo de Pensamiento de Abya Yala y la Escuela Popular de Sikuris, también se han sumado a las marchas y organizaciones sociales y se mueven en periferias, universidades y teatros, espacios de encuentro para el pensamiento y construcciones filosóficas de las epistemes del continente. Por eso se consideran a sí mismos como gestores en la generación de espacios de ciudad como el Inti Raymi, el cual han apoyado en los últimos 3 años y otros espacios artísticos y encuentros que apoyan desde la música.

La siembra ha sido la esencia que ha movilizado las subjetividades de los integrantes. Esteban Garcés manifiesta que “en estos valles Aburráes, Tahamíes, Niquías, Bitaguíes somos el legado milenario de estos pueblos agrícolas que vivían en armonía con la tierra. Para nosotros sembrar es volver a las raíces, volver a la memoria, a la identidad, recuperar prácticas que nos devuelvan la tranquilidad y la fuerza. Sembrar también representa una acción colectiva de organización, distribución del trabajo, fortalecimiento de la conectividad, y el policultivo que representa la siembra en diversidad, la divergencia y la complementariedad dentro de la familia extensa”.

Este Colectivo se ha sostenido a partir de la autogestión, fuerza, articulación, voluntad, autonomía de cada una y uno de los integrantes, puesto que el espacio no cuenta con ningún tipo de financiamiento público o privado. Sin embargo, para potenciar sus proyectos han participado en diferentes convocatorias y han sido seleccionados en: la agenda cultural de Medellín, la fundación mi sangre y el museo de Antioquia. Pero buscar incentivos económicos, fuentes de financiamiento o un reconocimiento institucional no es la finalidad primordial del Colectivo; por el contrario, su pilar es la autogestión, la autonomía de mantenerse desde la fuerza de los individuos y desde la cohesión de la colectividad: esto es lo principal que ha hecho que florezca y siga floreciendo el Colectivo.

Entre los obstáculos que han tenido que enfrentar se destaca no tener un territorio o un lugar fijo donde se puedan desenvolver las actividades. Por esto se han apropiado, dando uso colectivo y comunitario, de un espacio de la Universidad Autónoma Latinoamericana, donde tienen la huerta y generan un espacio popular dentro de una institución privada; sin embargo, tienen una gran dificultad con este espacio, ya que dicha universidad les pidió que entregaran la cancha donde tienen la huerta, desconociendo los casi cinco años de resistencia, acción colectiva y de trabajo comunitario.

Sin comprender que en este espacio lograron generar un escenario de intercambio de saberes, de encuentro intercultural con pueblos indígenas, afrodescendientes, mestizos, académicos, gente de la ciudad y artistas, espacios de encuentro para el pensamiento y acción colectiva, el reverdecimiento de los espacios a través de la agricultura y el florecimiento de la vida a través de la siembra y el cuidado de las plantas.

Esteban Garcés argumenta que “la universidad tiene la desfachatez de pedirnos el espacio para hacer una placa deportiva, nos quieren sacar de la universidad precisamente porque el pensamiento diverso genera piquiña, el pensamiento diverso incomoda, molesta, disgusta. Pensar diferente en Medellín, en el Valle de Aburrá y Antioquia es casi ponerse como tiro al blanco. Pero hasta ahora hemos sabido resistir desde la acción colectiva, hemos sabido resistir desde esa noción de reciprocidad y familia extensa, desde conceptos tan bonitos como la Minga que es el trabajo colectivo, el trueque que es también un intercambió, las formas organizativas de base que nos han permitido mantenernos unidos y la palabra como instrumento principal de tejer los corazones ha sido un factor fundamental”.

El Colectivo Sumak Kawsay, a pesar de los obstáculos, sigue sembrando vida, cuidando sus cosechas naturales y sociales, floreciendo, recogiendo sus frutos para fortalecerse y compartirlos, tejiendo la palabra, honrando y dándole vida a la memoria ancestral, hilvanando colectivamente, resistiendo a las colonizaciones y al capitalismo y, sobre todo, demostrando que hay otros modos de vidas distintas.

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