El genocidio como parte del paisaje

Por Rubén Darío Zapata

El jueves 29 de octubre el líder indígena y senador de la República por el partido MAIS, Feliciano Valencia, sufrió un atentado del que, por fortuna, salió ileso. El mismo Valencia informó de la noticia por sus redes sociales y mostró los huecos que dejaron en su vehículo tres impactos de bala. Los noticieros del mediodía y algunos periódicos, sin embargo, presentaron la noticia con reservas: “Según el senador Valencia, se trató de un atentado”, como si pusieran en duda que realmente se trataba de un atentado y quisieran así restarle importancia.

Ilustración: Tomada de cronicon.net

Todo un reguero de víctimas

El mismo día del atentado al senador Feliciano, en horas de la tarde, fue asesinado el médico tradicional y líder de su comunidad Pompilio Narváez, en el municipio de Argelia-Cauca, la misma región donde tres días antes había sido asesinado el líder Carlos Navia. Al otro día la noticia de este asesinato fue opacada por otra que informaba de otros dos asesinatos de líderes sociales en los departamentos de Nariño y Putumayo. Así las cosas, cada día el estupor que produce un asesinato de un líder social es remplazado simplemente por el horror ante uno nuevo.

Una semana antes del atentado contra el senador Valencia, concretamente el 25 de octubre, fueron asesinados en el municipio de Corozal, departamento de Sucre, cinco personas. Cuatro de ellas habían sido víctimas de desplazamiento y estaban en el proceso de reclamación de sus tierras robadas, el otro era su abogado. En el momento de su asesinato estas personas se encontraban reunidas precisamente para iniciar acciones judiciales para la devolución de sus tierras. Ese mismo día, hombres armados se pasearon por zona rural del poblado de Yurilla, en Puerto Leguizamo, Putumayo, y asesinaron a dos de sus pobladores.

La oposición en la mira

A mediados de octubre circuló en Bogotá un panfleto firmado por las Águilas Negras en el que anunciaban que “es el momento de limpiar este país”. Allí les advertían a todos “los que se hacen llamar líderes” y a los seguidores de Gustavo Petro y la Colombia Humana, la voluntad de asesinarlos. Al final culminaban con la amenaza generalizada: “No permitiremos que la escoria de la izquierda triunfe, no llegarán muy lejos sapos H.P de la Colombia Humana”.

Como para que no quedaran dudas, pocos días después, el lunes 19 de octubre, fue asesinado Eduardo Alarcón, líder agrario y exconcejal del municipio de Campo Alegre, Huila. Alarcón era un destacado militante de la Colombia Humana en el departamento del Huila.

Al otro día fue asesinado en el departamento del Cauca, en la vía que conduce de Popayán a Coconuco, el reconocido líder social y político Gustavo Herrera. Herrera había sido el gerente de la campaña presidencial de Gustavo Petro en ese departamento.

Ya antes, a mediados de septiembre, había sido asesinado en Medellín Campo Elías Galindo, considerado por muchos el nervio de la Colombia Humana en esta ciudad. Ante esta evidente persecución hacia el movimiento político de oposición se pronunciaron varias figuras de la política nacional, y el mismo Gustavo Petro con otros líderes del movimiento pidió una reunión urgente con el presidente de la República, Iván Duque. Pero a la hora de escribir esta nota, dicha reunión todavía no se había concretado.

También los ambientalistas

Un día antes del atentado contra el senador del MAIS, fue asesinada en el municipio de Nuquí, Chocó, la líder ambientalista, Juana María Perea. La mujer había llegado a Nuquí hacía siete años y desde entonces se había convertido en una destacada lideresa ambientalista que luchaba por la conservación de la biodiversidad de aquel territorio majestuoso, promoviendo también el turismo ambiental respetuoso y regulado. En el último tiempo se había destacado como lideresa del movimiento que se oponía a la construcción del puerto de Tribugá, precisamente por los tremendos daños ambientales que ello traería.

El primero de octubre, las Autodefensas Gaitanistas habían empapelado todo el caso urbano de Nuquí con las amenazas a los líderes sociales y a quienes se oponían, supuestamente, al desarrollo. Y 15 días antes del asesinato de Juana fue asesinado otro líder opositor al proyecto.

Es cierto que el proyecto de construcción del puerto quedó archivado desde finales de septiembre porque la Agencia Nacional de Infraestructura- ANI juzgó que la empresa que se proponía para construirlo, la Sociedad Promotora Proyecto Arquímedes S.A., no cumplió con los requerimientos de seriedad. En realidad, esta decisión era también una respuesta a la presión social promovida por distintas organizaciones ambientalistas, igual que ocurrió por los mismos días con el proyecto de explotación minera en Santurbán.

En Santander todavía no se hacen sentir las reacciones contra la población que hizo tumbar el proyecto de explotación minera en el páramo; en Chocó, en cambio, las represalias empezaron de manera inmediata y una de sus más crueles manifestaciones ha sido el asesinato de algunos de sus líderes, aparte de la amenaza generalizada a la población. Los efectos de dichas amenazas también empiezan a sentirse. Muchos de los que hacían parte del grupo de wasap creado para oponerse al proyecto del puerto de Tribugá han empezado a retirarse silenciosamente. Ese es el resultado que buscaban precisamente los asesinos.

El estribillo repetido

El asesinato de líderes va en ascenso y cada vez parece convertirse más en parte del paisaje. Según la organización Somos Defensores, en el primer semestre del 2020 el asesinato de líderes sociales en Colombia aumentó en 61% con respecto al mismo periodo del 2019. Cabe resaltar, que fue precisamente después de agosto que arreciaron con más fuerza los crímenes contra líderes y defensores de derechos humanos en el país.

Lo preocupante es que este panorama no parece encontrar una respuesta seria y contundente por parte del gobierno. En muchos casos incluso se empeña en negar la magnitud del problema presentando informes con cifras menores de las que presentan las organizaciones defensoras de derechos humanos. Últimamente el gobierno ha recurrido al argumento de que los líderes asesinados no son realmente tanto, esto atendiendo supuestamente a que muchos de ellos no son certificados como líderes por la ONU, como si esta entidad efectivamente pudiera certificar quién es y quién no un líder social.

Por otra parte, sus declaraciones parecen recitadas de un libreto aprendido hace tiempo: aun sin mediar investigación alguna, los asesinatos siempre se les atribuyen a estructuras armadas del narcotráfico y el presidente asegura haber pedido a las autoridades competentes acelerar las investigaciones y dar con los responsables. Este, sin embargo, es el momento en que no se conoce ningún resultado frente a las diversas masacres ejecutadas en el mes de septiembre, a pesar de haber ocurrido en territorios con alta presencia de la fuerza pública.

Lo que han demandado siempre del presidente las organizaciones defensoras de derechos humanos es que cumpla con el punto del Acuerdo de la Habana donde el Estado, en cabeza del presidente, se compromete a crear y dirigir la Comisión Nacional de Garantías, para desarticular las estructuras paramilitares. Y se quejan precisamente de haber encontrado siempre oídos sordos y acciones muy débiles.

2 comentarios

  1. pues compas de verdad sigue siendo preocupante que mientras la OEA y Bachelet siguen preocupados por Venezuela, a Colombia su oligarquia unida al gobierno gringo la sigan desangrando.Desde la muerte de Gaitan, decadas de sicariatos y asesinato son el diario quehacer de esa rancia burguesia asesina. De mi parte nunca crei en esos llamados acuerdos de paz firmados en la Habana, porquela oligarquia colombiana y su apoyante gringo nunca lo iban a aceptar. Por otro lado el negocio del narcotrafico y del Gobierno narcopararaco tampoco lovan a permitir, por eso que todos los que han gobernado a ese pais, si excepciones, yel actual nunca cejaran en su ataque al gobierno bolivariano,porque Venezuela es unade las mejores rutas para el narcotrafico y como nuestro gobiernoecho a la DEA de nuestro territorio y cada dia hay mayor desaqrticulacion del negocioporlas fronteras, es por ello que Duque y su gobierno terrosita persiste en atacar a nuestro pais. EL PUEBLO COLOMBIANOMERECE UN CAMBIO RADICAL, PERO MIENTRAS SIGA TENIENDO 7 BASES GRINGAS Y TODA SU ESTRUCTURA EN ESE PAIS MAS UN BURGUESIA ASESINA, LADRONA Y NARCOPARACA, EL FUTURO SE VE MUY LEJANO. SEGUIR LUCHANDO Y RESISITIENDO ES LA CONSIGNA.

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  2. Ciudadanos que trabajamos en la construcción de paz para el municipio de San Carlos Antioquia, estamos en alerta ante el rumor del rearme de nuevo grupo para “limpieza social”. No estamos protegidos.

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